EL GRADO DE INVERSIÓN OTORGADO AL PERÚ
El Comercio
23 de diciemmbre de 2009
Por: Richard Webb Economista
Los bonos peruanos son “aptos para la inversión”, dijo Moody’s, la más reputada de las empresas calificadoras. Fue un regalo navideño y una señal de madurez. La calificación tiene dos argumentos. Primero, Moody’s aprueba el modelo económico seguido, con gran consistencia, por cuatro gobiernos consecutivos, durante casi veinte años. Segundo, la calificadora está apostando a la muerte de la ideología.
Ciertamente, existe un grado inusual de consenso político en el país. Además, es un consenso no tanto a favor de una orientación política en particular sino en contra de la esquematización tradicional, en derechas e izquierdas. Una encuesta de la Pontificia Universidad Católica del Perú descubre que la mitad de la población nacional rechaza cualquier identificación. Además, otro 20% se cuadra sólidamente en el centro. Solo 12% se identifica con las izquierdas, y 16% con las derechas. El mensaje de la ciudadanía parece ser dejémonos de juegos y romances políticos y arreglemos los problemas del país. Un análisis publicado por Eduardo Dargent descubre una “derecha andina” allí donde se esperaría encontrar al bastión de la izquierda. Tampoco sería una derecha que admite serlo, sino una actitud de vida más práctica, a favor de los programas sociales, pero que “no tiene problema en tomarse fotos con el empresariado.”
Podría decirse que entramos a una etapa de política a la carta. En vez de la receta fija de algún partido, el ciudadano se siente libre para escoger su menú político propio, combinando platos de diversos partidos. Es lo que sucede con la religiosidad, según la Fundación Pew. Crecientemente, el devoto estadounidense escoge sus creencias tomando a gusto propio los dogmas de diferentes religiones. Un 20% de los protestantes, por ejemplo, y 28% de católicos dice creer en la reencarnación, y otro tanto en la astrología, el yoga y otras creencias orientales.
La muerte le habría llegado a Dios antes que a la ideología. Fue hace un siglo que Nietzsche anunció que “Dios ha muerto,” y hace 43 años que la portada de la revista “Time” preguntaba “¿Ha muerto Dios?”, pasando a citar la respuesta positiva de distinguidos teólogos. La fuerte religiosidad política del siglo XX quizás ha sido justamente una respuesta al vacío espiritual producido por el avance de la ciencia y por la secularización de la vida. La desaparición de la ideología política significa madurez y liberación humana, pero, a diferencia de Moody’s, no me atrevería a certificar que es una muerte definitiva.
Madurez
El grave reto de reactivar y mantener disciplina fiscal
EDITORIAL
El Comercio
23 de diciembre de 2009
Aunque es una tradición que en julio y diciembre se produzcan cambios ministeriales, también es cierto que el jefe del Gabinete, Javier Velásquez Quesquén, negó ayer mismo, y de modo enfático, que hubiera “ministros agotados”. Adujo que, en todo caso, si algunos hubiesen tenido tal estado de ánimo, habrían sido convencidos por el presidente Alan García.
Es por ello que, en esta coyuntura, llama poderosamente la atención la dimisión de Luis Carranza al Ministerio de Economía y Finanzas, en el que ha tenido una gestión sobresaliente.
Deja la cartera, efectivamente, en las mejores condiciones, sobre todo en resultados. En su primer período sentó las bases de solidez de la política económica. Luego fue seguido por Luis Valdivieso quien, en su corto período (julio 2008-enero 2009), no tuvo un desempeño regular ni tampoco se acopló al Gabinete.
Tras su salida, y cuando los estertores de la crisis internacional se sentían cada vez más en el ámbito latinoamericano, reconocimos el tino del Gobierno, y del presidente García en particular, para volver a convencer a Carranza, cuyo prestigio y solvencia profesional están fuera de cualquier duda, para volver al MEF.
En su segundo período, Carranza supo hacer los equilibrios necesarios tanto para ser firme y cerrar la caja fiscal ante cualquier pretensión populista, cuanto para sacar adelante el programa de fomento a la inversión, con una ejecución de más del 51%, algo meritorio para los bajos estándares de las últimas décadas.
Supo capear el temporal y, con su gestión, nuestro país ha obtenido la calificación de grado de inversión por parte de la agencia Moody’s, que se suma a otros logros previos como las calificaciones de Fitch Ratings y Standard & Poor’s en el 2008.
Por todo ello, que demuestra la fortaleza de nuestra economía y su manejo responsable, se suponía que Carranza debía continuar firme en su cargo. Pero, no ha sido así, lo que obliga al Gobierno, además de despedirlo en los mejores términos, a explicar qué es lo que realmente pasó, para dar una señal de estabilidad al país.
Ante todo, debe asegurarse que el sorpresivo cambio no signifique la modificación de la disciplina fiscal. Tal como lo ha dicho el presidente García, “garantizamos el crecimiento, la estabilidad de la cosas y que acá está en juego también mi palabra. Acá no hay ni farra ni esos temas porque eso conduce siempre a la deuda, a la inflación o al desorden… no hay que sobreexcederse en los gastos, no hay que generar nuevos gastos. Veo algunos planteamientos de gastos que vienen del Poder Legislativo y yo digo que hay que respetar la Constitución que dice que el Poder Legislativo no tiene iniciativa de gasto. Debe vigilar, aprobar el presupuesto, pero no tener iniciativa de gasto porque ese es otro tipo de farra”.
Esta rotunda expresión debe tomarse como un compromiso firme del Gobierno con la nación. Sin embargo, el compromiso no queda allí, sino que debe concretarse y ampliarse a los programas de aliento a la inversión y reactivación de la economía.
En cuanto a la nueva titular del MEF, Mercedes Aráoz, es la primera mujer que ocupa dicha crucial cartera. Se trata de una profesional de muy destacada gestión al frente de dos ministerios (Comercio Exterior y Turismo, y Producción), así como en las negociaciones del TLC con Estados Unidos, por lo que esperamos que tenga el temple y haga el esfuerzo necesario para mantener las líneas maestras del plan económico reactivador e inclusivo.
Tal apelación es oportuna y necesaria, sobre todo si recordamos la historia política de los últimos 30 años, y cuando estamos en vísperas de elecciones municipales, regionales y generales. Ahora que el gasto público se ha descentralizado el MEF tiene la responsabilidad de fiscalizar aun más la disposición de recursos, considerando incluso la posibilidad de que los presidentes regionales salientes puedan exceder sus facultades discrecionales para manipular sus presupuestos con fines electoreros.
Mucho nos ha costado a los peruanos recuperar la estabilidad económica, el ímpetu reactivador y la disciplina fiscal. Y así como reconocemos el esfuerzo del Gobierno actual en esta titánica tarea, debemos advertir sobre cualquier desviación de las líneas maestras del programa. El Gobierno ha marcado altos estándares de eficiencia en carteras claves como las de Economía y Finanzas, que nos hacen ser optimistas sí, pero que también nos obligan a continuar alertas y realistas para advertir cualquier desviación populista o electorera, que finalmente todos tendríamos que pagar con inflación, déficit y pobreza.
Divisiones empresariales
La República
Dom, 04/01/2009
Por Francisco Durand
Profesor en la U. de Texas, San Antonio (EEUU)
LLa crisis, como el sufrimiento, tiene la virtud de aclarar el comportamiento y de obligar a situarse en la realidad. Hemos entrado en esta dinámica por efecto de la Gran Depresión 2008-2009.
La discusión sobre un desaceleramiento -si el PBI baja al 6%, al 4%- está plagada de falsas esperanzas. Lo más probable es que, dada nuestra atadura al mercado mundial, y al desarrollo de una crisis internacional profunda, entremos a una recesión. Así que las fantasías presidenciales sobre la ola de inversiones, el ser optimistas y el blindaje no ayudan a ninguna discusión seria.
Desde que en 1990 se constituyó la actual estructura económica, las principales diferencias entre sectores empresariales ya no son tanto por sector económico sino por tamaño. Hoy las diferencias más marcadas son aquellas que dividen al empresariado entre grande, mediano y pequeño, y es sobre la base del tamaño que se superponen las diferencias por tipo de actividad económica.
Los grandes son básicamente los banqueros y mineros, los principales exportadores y los grupos de poder económico. Esta “gran burguesía”, nacional y extranjera, asociada en muchos casos en joint ventures, habla al país a través de la CONFIEP y al presidente al oído. Se trata de un segmento privilegiado, con gran capacidad de defender sus intereses y, cabe añadir, muy poca para entender el país. Se distingue por tener acceso preferencial, incluso presencia directa en el Estado. Tiene asimismo mayores niveles de influencia en nuestro maleable Congreso, cada vez más influido por “asesores” que preparan legislación e incluso ahora hasta intervienen en las comisiones con alarmante frecuencia.
Como corresponde a su peso, fue Jaime Cáceres Sayán, presidente de CONFIEP, fue quien le jaló las orejas al Presidente, recordándole que para enfrentar la crisis el Ejecutivo tenía que hacer algo, de modo que tengan más aportaciones las AFP.
Curiosamente, mientras venía ese reclamo en Lima, el ministro Valdivieso andaba de gira en el extranjero. Estaba “promoviendo inversiones” con su asesor Roberto Abusada -Instituto Peruano de Economía, principal consultora empresarial, especializada en preparación de normas-. Valdivieso logró responder a las presiones presentando apuradamente un menú de medidas y anunciando un gasto de US$ 3,333 millones que en gran parte ya estaba presupuestado. El “plan” no consideraba ninguna medida regulatoria de precios y tarifas, o de salida de capitales, ni de estímulo al salario. El Presidente, para componer las cosas y mostrar capacidad de iniciativa, les pidió a su vez a los grandes empresarios que presentaran un plan de inversiones. Cáceres anunció inmediatamente, y por lo tanto, sin mayor análisis, que el 2009 el sector privado invertiría US$ 14,000 millones. En medio de la alarma por la caída internacional de precios del petróleo que no repercuten automáticamente en el Perú, Cáceres también declaró que “el mercado se regula solo”, insistiendo en que las libertades del gran capital son intocables.
Los capitales medianos son un segmento de peso relativo. Incluye las grandes empresas no diversificadas que tienen peso sectorial, pero no nacional. Acumula más en el mercado interno o sirve a las empresas grandes financieras y exportadoras proveyéndolas de bienes y servicios. Su acumulación depende más del país, y de que la gente tenga dinero en los bolsillos para consumir lo que el Perú produce o lo que se importa de fuera. Fue el bloque ADEX, SNI y Cámara de Comercio de Lima quien salió a la palestra reclamando apoyo a la norma del Congreso para exonerar de impuestos las gratificaciones. Recordemos que el bloque fue formado en 1998, en la anterior crisis, cuando se retiraron de CONFIEP al sentir que no estaban siendo escuchados por los banqueros y mineros. José Luis Silva de ADEX sostuvo que la norma haría “que los ciudadanos cuenten con mayor disponibilidad de dinero, lo que se traduciría en un mayor consumo” (El Comercio, diciembre 29, p. a 6).
CONFIEP, por boca de Cáceres, la desaprobó. Se opone por razones harto primarias: las exoneraciones implican que en dos mensualidades no paguen aportaciones a las AFP. El ministro Valdivieso, fiel a la filosofía neoliberal de estimular la oferta y no la demanda, o de estimular esta última siempre y cuando se apoye al capital, no al trabajo, dijo que no le gustaba porque “beneficiaría a pocos” y debido a que generaría un alto costo fiscal. Paradójicamente, fueron las rebajas arancelarias inconsultas del MEF las que han contribuido en este gobierno a una merma fiscal, medidas que fueron condenadas por la SNI. El presidente García, silencioso al principio, ha terminado sumándose a la facción que se opone a la exoneración para los trabajadores.
Otro conflicto indicativo de las tensiones propias de una crisis es la venta de activos del Estado. Fue el valioso terreno del Pentagonito el que casi incendia la pradera cuando los sectores pudientes del distrito de San Borja, con ayuda de los generales en retiro, se opusieron a la transacción. Las versiones de que se trataba de un negociado que terminaría beneficiando a una constructora políticamente conectada -de quien se sospecha sería la beneficiara de grandes obras de construcción- contribuyeron a aumentar las tensiones y movilizar a la clase media. Al final el Presidente se dio cuenta de que le iba a costar más caro insistir y descartó la venta.
Falta mencionar a los capitales pequeños, menos organizados y por lo tanto, con mayor dificultad de hacer sentir su voz. Algunos están agremiados en CONFIEP, otros en la SNI, y los más en entidades independientes de poco peso. Sin embargo, no olvidemos que los empresarios de Gamarra organizaron una ruidosa protesta contra la competencia asiática durante la conferencia Asia-Pacífico. CONVEAGRO ha manifestado su decidida oposición al tratado de libre comercio con los EE.UU. Lo irónico del caso es los pequeños capitales se oponen abiertamente no al libre comercio, sino a una forma de comercio desigual que beneficia al productor extranjero. Tanto el gobierno chino como el norteamericano subvalúan o subsidian a sus productores, afectando injustamente a los nacionales y causando despidos y quiebras.
Hasta aquí todo claro. El otro aspecto interesante de una crisis es que como se generalizan desigualmente las pérdidas, y que los políticos tienen que reaccionar “representando mejor a sus representados”, también pueden producirse cambios en la estructura del poder y en la política económica. El reto, sin embargo, es qué proponer que sea no solo diferente sino viable cuando lleguemos a las elecciones.
Hola realidad (No me extraña tu presencia)
La República
Mié, 10/12/2008
Por Nelson Manrique
Finalmente terminó la fantasía de que éramos el único país en el mundo que no iba a ser afectado por la crisis mundial del capitalismo y comienza a ponerse los pies en tierra.
La política anticrisis que ha anunciado Alan García es una saludable rectificación en relación con el delirio maniaco que lo llevó a hacer un ridículo planetario en el APEC. Allí les enmendó la plana a los economistas y políticos de las potencias mundiales, que –según él– no habían comprendido que ésta era una crisis de crecimiento, que duraría apenas 18 meses y que relanzaría al capitalismo hacia alturas más gloriosas: “En el G-20 –explicó García– no ha habido un consenso para comprender que esta es una crisis de crecimiento. Es un relanzamiento del mercado. Es una crisis de riqueza mundial ... Creo que el G-20 en Washington, y a pesar de todos sus grandes pensadores, no ha logrado entender eso. El tema es administrar una crisis de crecimiento”.
El comentarista de la CNN que cubrió la Cumbre de APEC se dio con la sorpresa de que muchos empresarios peruanos creían realmente que el país estaba “blindado”. Por fin, aunque algo tarde, esta semana la Confiep reclamó al gobierno una política anticíclica.
Los empresarios no son los únicos que decidieron ponerse al día, pues esta ha sido una semana de conversiones súbitas. Con mayor o menor elegancia, neoliberales recalcitrantes enviaron a Milton Friedman al rincón de los trastos inservibles y se convirtieron en fans de (¡horror!) John Maynard Keynes. Ellos reclaman ahora que el otrora vilipendiado Estado intervenga enérgicamente en la economía, para afrontar la crisis mundial provocada por el mercado libre. Aldo Mariátegui ha dado una excelente explicación filosófica de su conversión: “Una cosa es ser liberal y otra estúpido”. Obviando la mayor o menor fortuna de las racionalizaciones de Jaime de Althaus, Gonzalo Prialé y otros, la cuestión central es que han abandonado la dogmática neoliberal y reconocen que dejar las cosas a la mano invisible del mercado sería muy poco inteligente. Queda por ver si Federico Salazar decide morir en su ley.
Se han perdido meses y recursos preciosos sin una propuesta orgánica para afrontar la crisis. Sólo sostener el tipo de cambio ha significado un gasto de 7 mil millones de dólares en tres meses: más que los 18 mil millones de soles que el gobierno va a invertir en el programa de salvataje el próximo año. A pesar de todo, se ha dado un primer paso positivo, que debe ser debatido ampliamente y complementado.
Un problema fundamental que se plantea en el futuro inmediato es la falta de confianza en la honradez del gobierno aprista. Cuando es evidente que una trama de complicidades se ha puesto en marcha para impedir que la investigación del escándalo León Alegría llegue a buen puerto –porque involucra al aparato central del poder aprista– cómo pedir confianza. Miles de millones de dólares van a ser manejados por gente de Agustín Mantilla, como Carlos Arana en Agua para Todos y Nidia Vílchez en el Ministerio de Vivienda. Si no hay cambios de fondo, la mesa estará servida para que se repita la misma corrupción del primer gobierno de Alan García, y para que el país termine como entonces.
Había una vez un país blindado...
La República
Mar, 20/10/2009
Por Nelson Manrique
De acuerdo con la reciente encuesta de Ipsos/Apoyo la popularidad del presidente Alan García se mantiene más bien baja: 26% de respaldo y 67% de desaprobación (El Comercio, 18/10/09). Alan García –según otra acreditada encuesta– ocupa el penúltimo lugar en la lista de popularidad presidencial de A. Latina –solo queda Cristina Kirchner después– mientras que varios de los presidentes a los que detesta (incluidos por supuesto Hugo Chávez y Evo Morales) duplican su popularidad y hasta la triplican. Esto es extraño, si se considera la opinión de la mayoría de los medios peruanos según la cual estamos económicamente muy bien y que somos uno de los países a los que mejor le ha ido con la crisis económica mundial. ¿Tiene esto alguna lógica? Un actualísimo artículo de Gerardo Saravia puede dar luz sobre la cuestión (“El milagro peruano”, Ideele, octubre de 2009).
Según Saravia, la afirmación de que vamos bien es una abierta falsedad: “Estamos entre los países que han sufrido la caída más brutal de su producción en lo que va del año. ¿De la región? Qué va: del mundo”. Esta realidad es encubierta presentando las cifras absolutas de producción, sin comparar cuánto se producía un año antes y cuánto se produce ahora. La contundente afirmación de Saravia es ratificada por la Latin American Consensus Forecast (LAC), cuyas cifras son crueles: nuestra caída este año (que estima en -8.3%), será solo superada por las de Uruguay (-8.6%), Argentina (-9%) y Ecuador y los países de Europa Oriental (-9.6%). Esto nos pone bastante por detrás de Colombia (-2.8%), EEUU (-3%), Asia Pacífico (-3.2%) y Chile y Bolivia (-4.6%).
Naturalmente, que la LAC acierte o se equivoque dependerá de cuál será la magnitud de la caída de la producción peruana durante el 2009, partiendo del 9% de crecimiento que se alcanzó el 2008, y sobre eso hay opiniones encontradas. Por supuesto, ya no se habla de un crecimiento de 7%, o de 5%, como lo hacían los voceros gubernamentales al terminar el 2008. Kurt Burneo, economista de la U. San Ignacio de Loyola, estima en el mejor de los casos un crecimiento que estará entre el 0.5% y el 1%, con el riesgo de sufrir una contracción en el primer trimestre del 2010. El jefe de Estudios Económicos del BBVA, Hugo Perea, prevé un crecimiento del 1% y el director ejecutivo del Instituto de Economía y Desarrollo de la Cámara de Comercio de Lima, César Peñaranda, calcula un 0.9%, considerando “muy difícil” superar el 1% (“Aún es muy pronto para hablar de recuperación”, La República, 17/10/09). Estos estimados no están lejos del 0.7% de crecimiento del que parte la LAC.
Las razones para pensar en un crecimiento cercano a 0% que pronosticó a comienzos de año Waldo Mendoza son respetables: de enero a agosto de este año las exportaciones peruanas se redujeron en -28.2% y sólo en agosto el sector manufacturero se contrajo en -9.83% (ídem). A esto debe añadirse la caída de la industria textil y la producción agroindustrial (-50%). Lo mismo sucedió en otras ramas: “Las industrias acumularon una serie de productos que no llegaron a vender y han tenido que reducir sus tasas de producción” (Saravia, ya citado, lamento decir que se basa en cifras oficiales). La inversión privada cayó en más de 40 puntos (de 21.04% a -20.8%) en un año. No nos salvó tampoco la oferta de convertirnos en “país refugio” para los capitales extranjeros: “Los flujos de inversión directa extranjera en el último trimestre del año pasado pasaron de 7.000 millones de dólares a cero. Luego se recuperaron un poco. Los nuevos proyectos de inversión se han cortado” (ídem).
Para Saravia, existe gran responsabilidad del gobierno en este desastre por la forma cómo afrontó la crisis: no respondiendo o respondiendo tarde, por el absurdo prurito de negar la realidad. “Cuando el Presidente decía que la economía peruana estaba blindada y que íbamos a ser refugio del capital extranjero, realmente se lo creía. Y el gobierno actuó de acuerdo con esta idea”.
Repensando a Samuelson
El Comercio
19 de diciembre de 2009
Por: Hugo Guerra
Casi ha pasado desapercibida la sensible desaparición del gran economista Paul Samuelson, pese a que sus enseñanzas debieran ser consultadas ahora que el Perú está conflictuado por tener buenos resultados macroeconómicos en medio de terribles desórdenes políticos y sociales.
Entrevisté al maestro estadounidense en agosto de 1980. Recuerdo su mirada especialmente inteligente y curiosa. Más que contestar se dedicó a conversar, le interesaban nuestra historia prehispánica, las tendencias sociales, y, claro, la forma como transitaríamos del estatismo militar a la renaciente democracia belaundista.
Quién sabe si después de su paso por Lima habrá analizado cómo se produjo primero el desastre financiero del populismo, luego la hiperinflación del aprismo y, más tarde, la corrupta experiencia neoliberal del fujimorismo. Sin embargo, el análisis del proceso económico peruano encaja perfectamente en sus críticas de base.
No hubiera rechazado la apertura del mercado en la década del 90; pero sí hubiera advertido que no todo puede dejarse librado al juego de la simple oferta y demanda porque —a diferencia de lo propugnado por el neoliberalismo— los individuos no siempre actúan de manera racional buscando preservar su propio interés. Con frecuencia hay comportamientos equivocados; por tanto no puede confiarse en el determinismo económico sustentado en reglas que funcionan bien en la teoría pero no en la realidad, menos cuando influye el azar. De allí que es indispensable la intervención del Estado para equilibrar los niveles de vida.
El rol del Estado no puede reducirse al simple arbitraje básico. Como demostró Samuelson en sus simulaciones matemáticas, se producen desequilibrios porque las personas no siempre reciben lo justo por lo que aportan, de modo que las desigualdades necesitan ser disminuidas y controladas desde fuera del mercado.
Esa intervención es fundamental para impedir que la desigualdad se traduzca en crisis política y financiera. Así, justificando la necesidad de que el Estado retome su función regulatoria, Samuelson dijo hace poco (citado por “El País” de Madrid): “Los genios de la ingeniería financiera crearon un monstruo a lo Frankenstein, que después no supieron cómo gobernar. Toda la burbuja del sector inmobiliario se creó y nadie hizo nada para detenerla [...] así se dieron en el mundo excesos increíbles de apalancamiento sin que nadie supiera lo que se estaba haciendo. Era como operar con los ojos vendados, y nadie aprendió nada de ello”.
Al trabajar las teorías del bienestar, la elección pública, los ciclos económicos y las finanzas públicas, Samuelson propugnó que el Estado intervenga en el mercado para tratar de lograr lo más preciado en cualquier sistema político sano: la justicia social, que solo es posible cuando existe una adecuada distribución de la riqueza que generan las naciones.
En el Perú del siglo XXI tal es precisamente el gran reto, porque la democracia en sí misma estará en riesgo mientras no se entienda que sí necesitamos mantener un mercado interno libre, pero cautelando que este no se desboque hasta convertirse en una forma salvaje de regulación social.
El Ajuste Fiscal
Actualidad Económica del Perú
septiembre de 2008
Kurt Burneo
(Profesor de la PUCP)
Siendo las subidas de precios motivo de preocupación ciudadana, (este año la inflación bordearía el 6%); Algunos analistas y dirigentes empresariales subestimando la necesidad de enfrentar los factores internos que explican estas, se han mostrado opuestos a la necesidad de moderar el gasto público y el gasto interno en general, siendo claro que ello hará que el crecimiento económico sea menor ¿Esto último es inevitable? ¿El ajuste del gasto es la única opción?
Inflación y Errores
Sin duda que es saludable, el que las autoridades económicas actuales reconozcan que no toda la inflación se explica por la subida del precio internacional de los alimentos y que parte de ella responde a factores internos. Al respecto, yo diría mas bien que esto responde a errores de la administración económica actual, puesto que esta en estos dos años expandió fuertemente el gasto público y promovió el abaratamiento y expansión excesiva del crédito y así del gasto privado, en un contexto de expansión de la economía. Pero bueno; el reconocer un problema es el paso inicial para pensar e implementar soluciones, quizás por eso vemos ahora que el MEF busca disminuir la velocidad de crecimiento del gasto público y el directorio actual del BCR viene subiendo los encajes y su tasa de interés de referencia en términos nominales; aunque al ritmo en que vienen creciendo los precios, estás elevaciones nominales son menores y así, las tasas de interés en términos reales siguen cayendo y el crédito abaratándose.
Siendo el consumo privado el principal componente del gasto interno en nuestra economía; creo que aún por varios meses las tasas inflacionarias se mantendrán alrededor de las magnitudes que observamos hoy; ello en la medida que el actual directorio del BCR no consiga elevar su tasa de interés de referencia por encima de la inflación en cuando menos 1 punto adicional –dadas las condiciones actuales- a pesar de la puesta en vigencia de una serie de medidas restrictivas sobre el otorgamiento y uso de líneas de crédito de reciente implementación por la SBS.
Por supuesto que va en el mismo sentido, -esto es de moderar el crecimiento del gasto interno-, el disminuir la expansión del gasto público. (consistentemente, el presupuesto de apertura presentado por el Poder Ejecutivo para el 2009 es 1.8% mayor en términos nominales que el de este año, mas considerando una inflación proyectada de 3.5% este se reduciría en términos reales en 1.7%); pero, si bien todas estas acciones de política económica servirían para enfrentar los factores internos de la inflación, ellas implicarán también un menor crecimiento económico, y ello debe verse no como una mala noticia sino mas bien como resultado de la prudencia, a destiempo pero prudencia al fin. O es que también se ignora la aparición de cuellos de botella por el lado de la infraestructura: Excesos de demanda de energía, mayores tiempos de espera en las operaciones de comercio exterior por límites en la provisión de servicios e infraestructura disponible etc
Pero esta necesidad de moderar la expansión del gasto público (y así que la política fiscal sea contracíclica), no sólo responde a las presiones inflacionarias internas, sino también para lograr ahorros (superávits) fiscales mayores y así aumentar el financiamiento que recibe el Fondo de Estabilización Fiscal, el cual es una suerte de gran alcancía, que se usa cuando lleguen las épocas de vacas flacas, es decir cuando se termine el boom de precios de minerales y se acabe el actual ciclo expansivo actual en el país. Una clarinada de alerta viene por lo ocurrido en el último mes. El precio del cobre se cayó en11.6%, plata 23%, plomo 15.7%.
Ajustar el gasto..y qué de los ingresos
A pesar de la reducción real del presupuesto, el ahorro (superávit) fiscal nominal para el 2009 según el MEF sería sólo del 2% del Producto bruto interno, cuando en este año este alcanzaría un 2.4%. Se requieren mayores esfuerzos, pero no sólo por el lado de moderación del gasto sino también por el lado de los ingresos fiscales. ¿En estos mas de 2 años de administración aprista han habido nuevas iniciativas para incrementar la recaudación? Dado que los incrementos actuales de esta, responden al crecimiento económico y a medidas que se tomaron hace 4 años. Por otro lado, ¿Cuan admisible resulta en el contexto actual dejar intactas las tasas del impuesto a la renta sobretodo la correspondiente a los ingresos mas altos (30%) dado que no pocas rentas extraordinarias se producen independientemente del accionar de las firmas? Este es el caso de las extraordinarias utilidades de las empresas mineras, gracias a los aun altos precios externos, que en el año 2007 alcanzaron los US$ 5,521 mills, sobre los cuales luego del pago del impuesto a la renta, el único aporte extra se dió en la forma del famoso “obolo voluntario” por US$ 178 mills. También tenemos el caso de las incrementadas utilidades de empresas del sistema financiero, por ejemplo el de las Administradoras de Fondo de Pensiones que operan en mercados cautivos.
Esta bonanza de firmas de distintos sectores, se asocia directamente no sólo con los mayores ingresos de los propietarios de estas, sino también se hace también extensible a los sueldos de un reducido grupo de profesionales y técnicos calificados que laboran en el sector moderno de nuestra economía; ello, explicaría una muy marcada diferenciación de ingresos. Es así que según un reciente informe de Ipsos Apoyo sobre niveles socioeconómicos en Lima Metropolitana para el 2008, el ingreso familiar promedio mensual del nivel socioeconómico A para Lima y Callao es de S/. 12,118; esto es 18.4 veces que los S/. 660 correspondientes al sector E y 13.4 veces que los S/. 902 correspondientes al sector D. ¿No hay margen para reajustar la tasa del impuesto a la renta aplicable a los ingresos más altos?
En conclusión, si bien es necesario que el gasto público se desacelere (y por supuesto el gasto privado también) el ajuste no debiese sólo limitarse a este. También debería incrementarse el ingreso fiscal a partir de los que más tienen, (lo que de paso ayudaría también a moderar el gasto privado). Al final si bien es deseable que la economía siga creciendo, también lo es, el que ello sea sostenible en el tiempo, pero sin ignorar a la equidad como principio.