11 de mayo de 2008
Connuestroperu
Por Xavier Caño Tamayo (*)
Crisis hipotecaria, crisis inmobiliaria, crisis financiera, subida incesante del petróleo, alza desmesurada de precios de alimentos… Pero, en realidad, la misma crisis. Veamos.
Este sistema neoliberal ha impulsado monocultivos agrícolas para producir en masa, lo que ha distorsionado la agricultura. Además, el Banco Mundial (que hoy se rasga las vestiduras) ha impuesto durante años una producción agrícola para exportación, no para las poblaciones locales, porque le han interesado más las divisas para mercados financieros que alimentar a la gente. Por otra parte, la crisis hipotecaria y financiera conduce a los especuladores a invertir en mercado de futuro de materias primas y provocan una disparatada alza del precio de alimentos. Para rematar, el contubernio de intereses del sector petrolífero, automoción, farmacéuticas y grandes corporaciones agropecuarias perpetra que la tierra cultivable de países empobrecidos se siembre con vegetales para producir biocombustible para países desarrollados. Una nueva versión de Norte contra Sur, pero en esta película el Norte no son los buenos ni pretenden liberar de la esclavitud a nadie. A todo esto, empleados y trabajadores de todo el mundo han soportado durante tres décadas que sus salarios aumenten a ritmo de caracol y, aún peor, con la multicrisis “la vida de millones de personas se deteriora a gran velocidad”, como ha denunciado Kostas Stamoulis, dirigente de la FAO. La cantidad de hambrientos se dispara y se crean cien millones más de pobres, que pueden esperar el deterioro o la muerte, emigrar o rebelarse, como ya ha empezado a ocurrir en una docena de países empobrecidos.
Ante todo esto, el diario The Independent publica que el mundo occidental “se encuentra en una crisis económica de magnitud similar a la del petróleo de 1973. Asistimos al desmoronamiento del liberalismo, el modelo ideológico y económico dominante en los últimos 30 años”. Lamentablemente no es cierto. El modelo neoliberal no se desintegra, porque sus mimbres ideológicos, oscuros compromisos políticos, opacidades y actuaciones gangsteriles permanecen. Da igual que el liberalismo teórico, el de Adam Smith, indique que la actividad económica ha de promover la eficiencia en los servicios y la bondad de los productos para satisfacer el mercado. Hoy, la actuación económica real busca el enriquecimiento acelerado y concentrado en manos de muy pocos, utilizando la especulación como instrumento principal. El valor económico real del planeta es un tercio del valor de los bonos, títulos, acciones y otros inventos financieros emitidos respecto a esos activos reales.
Ese carácter especulativo es denunciado con algunos matices diferenciales por Alan Greenspan, Bernard Connolly (ex jefe de análisis de la Comisión Europea), David Rosenberg (jefe de Merrill Lynch), Georges Soros, o el economista Paul Krugman. Critican a las autoridades monetarias por permitir una economía sobre todo especulativa.
Es muy sencillo. Si no se controlan los mercados financieros, los bancos, los fondos de inversión y, ya puestos, se actúa contra los paraísos fiscales, las medidas contra las crisis, cuya más nefasta consecuencia es el aumento de la pobreza y del hambre, son humo.
Del carácter gangsteril de este sistema económico, además, da fe la caída de Bear Stearns, quinto banco de inversión del mundo, caída que nos cuenta Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique. Aprovechando la desconfianza generada por la crisis, JP Morgan, otro gran banco, difunde rumores, premeditada y alevosamente, sobre falta de liquidez de Bear Stearns. Aunque éste muestra documentalmente que no es cierto, no consigue detener la ruina. Finalmente acepta ser vendido a JP Morgan. En plena crisis, nos cuenta Ramonet, los más bandidos del sistema persiguen con rumores o como sea que el valor de algunos bancos se divida por diez y comprarlos a precio de ganga.
Tal vez debamos recuperar la convicción de que es imprescindible un profundo cambio económico-social, ahora que conmemoramos cuarenta años de Mayo del 68. Y ponerse a ello porque, como ha escrito el analista alemán Michael Krätke, todo lo que ha llevado a esta multicrisis global confirma que el propio capitalismo neoliberal sienta las bases de su propia destrucción. No nos duele que desaparezca, lo deseamos, pero así, fruto de necia y gangsteril actuación, se llevaría por delante a cientos de millones, que no tienen la menor responsabilidad en el desastre y sí todo sus derechos humanos a respetar.
(*) Escritor y periodista
ccs@solidarios.org.es
miércoles, 16 de junio de 2010
Fidel tenía razón
19 de abril de 2008
Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
"No es frecuente que esta revista se encuentre de acuerdo con Fidel Castro, el dictador comunista de Cuba. Pero cuando este se levantó de su lecho de enfermo la semana pasada para escribir un artículo criticando el entusiasmo nada saludable de George Bush por el etanol, dio en el clavo. Junto con otros críticos de la "marcha hacia el etanol", el Sr. Castro advirtió en contra de la "siniestra idea de convertir los alimentos en energía".
Eso dijo la revista inglesa The Economist, en abril pasado. Esta semana, Alistair Darling, ministro de finanzas de Inglaterra, pidió revisar los programas internacionales de biocombustibles; un panel de asesores científicos de la Unión Europea demandó la suspensión de la meta al 2020; y Jean Ziegler, relator de la ONU sobre el derecho a la Alimentación ha dicho que la producción en masa de biocombustibles es un "crimen contra la humanidad".
En Europa y EEUU, el etanol se obtiene del maíz y los gobiernos otorgan subsidios a los agricultores que lo producen. Por tanto, disminuye la cantidad de maíz para alimentos, lo que aumenta su precio. Para gozar de los subsidios, los productores de trigo y soja se pasan al maíz, lo que eleva los precios del pan (y los fideos) y el aceite. Del 2004 a la fecha, los precios del maíz, trigo y soja se han, al menos, triplicado.
Lo peor es que la ecuación energética del etanol de maíz es negativa: según Timothy Searchinger, de Princeton, la emisión de contaminantes que conlleva la producción de un litro de etanol de maíz es mayor al ahorro de energía que produce su consumo. Dice Searchinger que la posible excepción es el etanol de caña de azúcar de Brasil, pues necesita muy poca energía en su cultivo y la refinación es rápida.
El impacto sobre los países importadores netos de alimentos (como Perú) ha sido fortísimo. Dice Robert Zoellick, del Banco Mundial, que estas alzas pueden causar graves disturbios sociales en 33 países. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha dicho que en los 3 primeros meses del año ya se le acabó el presupuesto, por lo que hay riesgos de hambruna para 100 millones de personas.
Dice el New York Times que el 20% más pobre de la población de EEUU solo gasta el 16% de su ingreso mensual en alimentos. Pero en Indonesia el mismo gasto es 50%, 65% en Vietnam y 73% en Nigeria. Conclusión: "allí donde la comida representa el 50 a 75% del ingreso, no hay margen de sobrevivencia" (New York Times, 10/4/08).
En el Perú la inflación de alimentos también golpea a los pobres. Según información de Apoyo, citada por el presidente del BCR, Julio Velarde, en el 2007 la inflación fue más alta para el sector E (4.33%) que para el A/B (3.09%). Ojo, esta es la inflación de Lima, porque en las ciudades de provincias, según INEI, fue casi el doble.
Además, solo el 26% de los ingresos del A/B va a alimentos, mientras que en el E la cifra sube al 59% (¿sin margen de sobrevivencia?). Podría sorprender que C y D le destinen 46 y 55%, pero esto es el corolario de la desigualdad en la distribución de los ingresos de la bonanza económica: los sueldos y salarios reales de Lima están estancados desde hace años.
La situación mundial nos dice es que "la idea siniestra de convertir alimentos en energía" —impulsada por los subsidios estatales de los países ricos— lleva a la inflación mundial (también influye el aumento de la población en China e India). Y que esto tiene para rato. Por tanto, la solución local no puede ser dejada al "libre albedrío del mercado". Se necesitan políticas sectoriales activas, ya. Más que en otros sectores, en el agro urge poner el péndulo al medio en los roles del mercado y el Estado.
Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
"No es frecuente que esta revista se encuentre de acuerdo con Fidel Castro, el dictador comunista de Cuba. Pero cuando este se levantó de su lecho de enfermo la semana pasada para escribir un artículo criticando el entusiasmo nada saludable de George Bush por el etanol, dio en el clavo. Junto con otros críticos de la "marcha hacia el etanol", el Sr. Castro advirtió en contra de la "siniestra idea de convertir los alimentos en energía".
Eso dijo la revista inglesa The Economist, en abril pasado. Esta semana, Alistair Darling, ministro de finanzas de Inglaterra, pidió revisar los programas internacionales de biocombustibles; un panel de asesores científicos de la Unión Europea demandó la suspensión de la meta al 2020; y Jean Ziegler, relator de la ONU sobre el derecho a la Alimentación ha dicho que la producción en masa de biocombustibles es un "crimen contra la humanidad".
En Europa y EEUU, el etanol se obtiene del maíz y los gobiernos otorgan subsidios a los agricultores que lo producen. Por tanto, disminuye la cantidad de maíz para alimentos, lo que aumenta su precio. Para gozar de los subsidios, los productores de trigo y soja se pasan al maíz, lo que eleva los precios del pan (y los fideos) y el aceite. Del 2004 a la fecha, los precios del maíz, trigo y soja se han, al menos, triplicado.
Lo peor es que la ecuación energética del etanol de maíz es negativa: según Timothy Searchinger, de Princeton, la emisión de contaminantes que conlleva la producción de un litro de etanol de maíz es mayor al ahorro de energía que produce su consumo. Dice Searchinger que la posible excepción es el etanol de caña de azúcar de Brasil, pues necesita muy poca energía en su cultivo y la refinación es rápida.
El impacto sobre los países importadores netos de alimentos (como Perú) ha sido fortísimo. Dice Robert Zoellick, del Banco Mundial, que estas alzas pueden causar graves disturbios sociales en 33 países. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha dicho que en los 3 primeros meses del año ya se le acabó el presupuesto, por lo que hay riesgos de hambruna para 100 millones de personas.
Dice el New York Times que el 20% más pobre de la población de EEUU solo gasta el 16% de su ingreso mensual en alimentos. Pero en Indonesia el mismo gasto es 50%, 65% en Vietnam y 73% en Nigeria. Conclusión: "allí donde la comida representa el 50 a 75% del ingreso, no hay margen de sobrevivencia" (New York Times, 10/4/08).
En el Perú la inflación de alimentos también golpea a los pobres. Según información de Apoyo, citada por el presidente del BCR, Julio Velarde, en el 2007 la inflación fue más alta para el sector E (4.33%) que para el A/B (3.09%). Ojo, esta es la inflación de Lima, porque en las ciudades de provincias, según INEI, fue casi el doble.
Además, solo el 26% de los ingresos del A/B va a alimentos, mientras que en el E la cifra sube al 59% (¿sin margen de sobrevivencia?). Podría sorprender que C y D le destinen 46 y 55%, pero esto es el corolario de la desigualdad en la distribución de los ingresos de la bonanza económica: los sueldos y salarios reales de Lima están estancados desde hace años.
La situación mundial nos dice es que "la idea siniestra de convertir alimentos en energía" —impulsada por los subsidios estatales de los países ricos— lleva a la inflación mundial (también influye el aumento de la población en China e India). Y que esto tiene para rato. Por tanto, la solución local no puede ser dejada al "libre albedrío del mercado". Se necesitan políticas sectoriales activas, ya. Más que en otros sectores, en el agro urge poner el péndulo al medio en los roles del mercado y el Estado.
Recuerdos del crack del 29
17 de marzo de 2008
Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
La crisis financiera de EEUU se pone color de hormiga. Ante la virtual quiebra de uno de los bancos de inversión más antiguos de EEUU, Bear Stearns, el Banco Central (FED) tuvo que echarle un salvavidas, con la colaboración del JP Morgan, ya que el FED no le puede prestar directamente a un banco de inversión.
Las siete secuencias de la crisis sistémica global
La gravedad de la crisis se magnifica ante el hecho siguiente, resaltado por el Wall Street Journal: "la decisión de la Reserva Federal de invocar una ley de la época de la Depresión de 1929 para que le pueda prestar a Bear Stearns muestra cuán seriamente cree que está en riesgo el sistema financiero" (www.wsj.com, 15/3/08). Para que no que den dudas, la nota del WSJ se titula: "Hay miedo de riesgo sistémico".
Lo mismo dice el economista de Harvard, Martin Feldstein, un estudioso de los ciclos económicos: "La rebaja de las tasas de interés en un punto adicional (de 3% a 2%) en los próximos días no tendrá impacto y no podrá revivir la economía. EEUU ha entrado en una recesión que podría ser la peor desde la II Guerra Mundial".
Feldstein es, además,presidente de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), el centro privado más importante en su campo y se jacta de que 16 de los 31 economistas norteamericanos ganadores del Premio Nobel han sido investigadores del NBER. El comentario, entonces, vale.
Paul Krugman, en el New York Times, lamenta que el FED haya decidido comprar US$ 400,000 millones —no en los seguros Bonos del Tesoro— sino en bonos privados respaldados por las hipotecas basura "con la esperanza de que eso estabilizará los mercados y terminará con el pánico", (www.nytimes.com, 14/3/08). También dice queesta "parece ser una de las crisis financieras más grandes de la historia" y que ha cambiado su punto de vista sobre lo que tiene que hacer el próximo presidente: "ya no es cómo salir de Irak ni la salud, sino qué partes hay que salvar del sistema financiero y como pagar las deudas" (ídem).
Nouriel Roubini, el gurú por excelencia de esta crisis sistémica, se indigna porque el FED esté salvando a los accionistas de Bear con el dinero de los contribuyentes, lo que constituye riesgo moral (www.rgemonitor/blog/roubini). Roubini ha estimado que las pérdidas por la crisis de las hipotecas basura podrían llegar a US$ 3 billones (trillones en EEUU), lo que equivale al 20% de su PBI.
Dice Martin Wolf, del Financial Times: "El nivel de pérdidas que menciona Roubini descapitalizaría el sistema financiero, y el gobierno tendría que montar un rescate. La vía más plausible sería nacionalizar todas las pérdidas. Si bien el gobierno podría soportar elevar su deuda en 20% del PBI, la decisión tendría ramificaciones enormes. Estaríamos frente a la crisis financiera más grande desde los años 30. Sería un evento político de época", (12/3/08).
En este río revuelto de analistas hay un grupo de economistas que ha formado el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP). Afirman que está en marcha el colapso de EEUU, lo que va a provocar una crisis sistémica de las mismas, o peores, dimensiones que la Gran Depresión de 1929 y hasta han elaborado un cronograma con las secuencias de la crisis (ver cuadro).
El catastrofismo de LEAP podría estar sobreestimando las dimensiones de la crisis, además que su "cronograma de secuencias" tiene características de búsqueda de notoriedad periodística. Pero las opiniones de muchos economistas de primera línea acerca de que podríamos estar frente a "una de las crisis financieras más grandes de la historia" sí son para preocuparse.
Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
La crisis financiera de EEUU se pone color de hormiga. Ante la virtual quiebra de uno de los bancos de inversión más antiguos de EEUU, Bear Stearns, el Banco Central (FED) tuvo que echarle un salvavidas, con la colaboración del JP Morgan, ya que el FED no le puede prestar directamente a un banco de inversión.
Las siete secuencias de la crisis sistémica global
La gravedad de la crisis se magnifica ante el hecho siguiente, resaltado por el Wall Street Journal: "la decisión de la Reserva Federal de invocar una ley de la época de la Depresión de 1929 para que le pueda prestar a Bear Stearns muestra cuán seriamente cree que está en riesgo el sistema financiero" (www.wsj.com, 15/3/08). Para que no que den dudas, la nota del WSJ se titula: "Hay miedo de riesgo sistémico".
Lo mismo dice el economista de Harvard, Martin Feldstein, un estudioso de los ciclos económicos: "La rebaja de las tasas de interés en un punto adicional (de 3% a 2%) en los próximos días no tendrá impacto y no podrá revivir la economía. EEUU ha entrado en una recesión que podría ser la peor desde la II Guerra Mundial".
Feldstein es, además,presidente de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), el centro privado más importante en su campo y se jacta de que 16 de los 31 economistas norteamericanos ganadores del Premio Nobel han sido investigadores del NBER. El comentario, entonces, vale.
Paul Krugman, en el New York Times, lamenta que el FED haya decidido comprar US$ 400,000 millones —no en los seguros Bonos del Tesoro— sino en bonos privados respaldados por las hipotecas basura "con la esperanza de que eso estabilizará los mercados y terminará con el pánico", (www.nytimes.com, 14/3/08). También dice queesta "parece ser una de las crisis financieras más grandes de la historia" y que ha cambiado su punto de vista sobre lo que tiene que hacer el próximo presidente: "ya no es cómo salir de Irak ni la salud, sino qué partes hay que salvar del sistema financiero y como pagar las deudas" (ídem).
Nouriel Roubini, el gurú por excelencia de esta crisis sistémica, se indigna porque el FED esté salvando a los accionistas de Bear con el dinero de los contribuyentes, lo que constituye riesgo moral (www.rgemonitor/blog/roubini). Roubini ha estimado que las pérdidas por la crisis de las hipotecas basura podrían llegar a US$ 3 billones (trillones en EEUU), lo que equivale al 20% de su PBI.
Dice Martin Wolf, del Financial Times: "El nivel de pérdidas que menciona Roubini descapitalizaría el sistema financiero, y el gobierno tendría que montar un rescate. La vía más plausible sería nacionalizar todas las pérdidas. Si bien el gobierno podría soportar elevar su deuda en 20% del PBI, la decisión tendría ramificaciones enormes. Estaríamos frente a la crisis financiera más grande desde los años 30. Sería un evento político de época", (12/3/08).
En este río revuelto de analistas hay un grupo de economistas que ha formado el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP). Afirman que está en marcha el colapso de EEUU, lo que va a provocar una crisis sistémica de las mismas, o peores, dimensiones que la Gran Depresión de 1929 y hasta han elaborado un cronograma con las secuencias de la crisis (ver cuadro).
El catastrofismo de LEAP podría estar sobreestimando las dimensiones de la crisis, además que su "cronograma de secuencias" tiene características de búsqueda de notoriedad periodística. Pero las opiniones de muchos economistas de primera línea acerca de que podríamos estar frente a "una de las crisis financieras más grandes de la historia" sí son para preocuparse.
Baquíjano, país minero y libre mercado
21 de marzo de 2008
En Conuestroperu
Por Humberto Campodónico.
Hace pocos días, el 13 de marzo, se cumplieron 257 años del nacimiento de José Baquíjano y Carrillo, a quien puede considerarse uno de los primeros economistas peruanos. Baquíjano escribió en el Mercurio Peruano, en 1791, una serie de artículos con el objetivo de demostrar, de un lado, que el Perú debía dedicar el máximo de sus esfuerzos a la explotación de sus recursos naturales y, de otro, que el libre comercio no era el causante de los problemas económicos de la época sino que, por el contrario, era la alternativa de la modernidad. (1)
Dice Baquíjano que la agreste geografía del Perú —los Andes y la costa desértica— no permitirán un desarrollo adecuado de la agricultura y, menos, de la industria. Por eso, "las provincias del Perú han de buscar las riquezas en el seno, y no en la superficie de sus tierras. Todas las que puede producir el reino mineral se hallan en abundancia en su distrito: el alumbre, alcaparrosa y almagre, el cristal, imán y azufre, el Copé, especie de nafta negra y dura como el asfalto, el cobre, plomo y fierro y, sobre todo, el oro y plata, instrumento general de ecuación en toda especie de comercio" (p. 237).
Increíble que Baquíjano no haya entendido "el maravilloso desarrollo de la agricultura incásica en la sierra" (2) lo que se explica por una típica visión limeña. Su afirmación, además, no se sostiene para nada hoy, ni en agro ni en industria, debido a las innovaciones tecnológicas.
Pero si bien plantea la especialización en la exportación de recursos naturales, su punto de partida es que la industrialización y la producción de valor agregado es necesaria, pero difícil para un país como el Perú (dice, por ejemplo, que España pierde con la venta de paños a Francia que luego son readquiridos como confecciones, a un mayor precio, por lo que España necesita una industria de confecciones (pp 233-234).
Para Baquíjano, las reformas borbónicas del siglo XVIII (que abrieron otros puertos del Virreinato al libre comercio, entre otras medidas, en particular el Reglamento de Comercio de 1778) no fueron la causa de la decadencia del Callao y del Perú. Dice que la competencia es buena y que la apertura hará que el Perú se beneficie de la entrada de mercancías extranjeras a menores precios.
Pero la apertura de los 80 trajo un "boom" de importaciones: en 1785 estas aumentaron 6 veces hasta 25 millones de pesos anuales, mientras que las exportaciones se mantuvieron estables en 4 millones de pesos anuales. Obviamente, ese déficit comercial era insostenible. La respuesta de Baquíjano fue imprecisa y hasta contradictoria:
"No es el libre comercio el que ha extraído excesivas sumas del Reino: la crecida introducción de efectos (bienes) es la que ha imposibilitado su venta. Estas se han practicado en la mayor parte al fiado y con el riesgo inevitable de quedar sin recaudarse. Los retornos (ingresos por exportaciones) han sido iguales a los años anteriores al permiso. Y esta última reflexión es el inexpugnable convencimiento de que no han habido esas destructoras exportaciones de dinero" (p.250).
En otras palabras, el libre comercio es bueno pero lo malo es que los importadores han importado demasiado, lo que ha producido el déficit comercial y el derrumbe de precios en la economía local: "este excedente (de importaciones) forma una estagnación que ha impedido el curso de los negocios" (p.242).
O sea, lo que Baquíjano quería es que haya libre comercio y que, a la vez, los actores económicos se comporten racionalmente para que no haya un "boom" de importaciones que, luego no pueden colocarse (hasta las venden al fiado). Pero sucede que se comportaron tan irracionalmente que las importaciones superaron 6 veces el valor de las exportaciones.
Al final, Baquíjano dice que es necesaria alguna medida que disminuya el enorme flujo de las importaciones lo que, de manera implícita, lo coloca del lado de la regulación del comportamiento de los actores económicos. O sea, un equilibrio entre el mercado y el rol regulador del Estado. Lo que quiere decir que Baquíjano no era dogmático y proponía medidas que corrigieran las fallas del mercado (en el cual creía). Eso es ya bastante y lo coloca muy por encima del dogma absoluto en el cual se sitúan nuestros "ayatollas" de turno, lo que vemos todos los días.
_________________________________________
(1) Disertación Histórica y Política sobre el Comercio del Perú,
Peruano, Tomo I, números 23-31.
(2) José de la Riva Agüero, Boletín # 12 del Museo Bolivariano, Lima, 1929.
En Conuestroperu
Por Humberto Campodónico.
Hace pocos días, el 13 de marzo, se cumplieron 257 años del nacimiento de José Baquíjano y Carrillo, a quien puede considerarse uno de los primeros economistas peruanos. Baquíjano escribió en el Mercurio Peruano, en 1791, una serie de artículos con el objetivo de demostrar, de un lado, que el Perú debía dedicar el máximo de sus esfuerzos a la explotación de sus recursos naturales y, de otro, que el libre comercio no era el causante de los problemas económicos de la época sino que, por el contrario, era la alternativa de la modernidad. (1)
Dice Baquíjano que la agreste geografía del Perú —los Andes y la costa desértica— no permitirán un desarrollo adecuado de la agricultura y, menos, de la industria. Por eso, "las provincias del Perú han de buscar las riquezas en el seno, y no en la superficie de sus tierras. Todas las que puede producir el reino mineral se hallan en abundancia en su distrito: el alumbre, alcaparrosa y almagre, el cristal, imán y azufre, el Copé, especie de nafta negra y dura como el asfalto, el cobre, plomo y fierro y, sobre todo, el oro y plata, instrumento general de ecuación en toda especie de comercio" (p. 237).
Increíble que Baquíjano no haya entendido "el maravilloso desarrollo de la agricultura incásica en la sierra" (2) lo que se explica por una típica visión limeña. Su afirmación, además, no se sostiene para nada hoy, ni en agro ni en industria, debido a las innovaciones tecnológicas.
Pero si bien plantea la especialización en la exportación de recursos naturales, su punto de partida es que la industrialización y la producción de valor agregado es necesaria, pero difícil para un país como el Perú (dice, por ejemplo, que España pierde con la venta de paños a Francia que luego son readquiridos como confecciones, a un mayor precio, por lo que España necesita una industria de confecciones (pp 233-234).
Para Baquíjano, las reformas borbónicas del siglo XVIII (que abrieron otros puertos del Virreinato al libre comercio, entre otras medidas, en particular el Reglamento de Comercio de 1778) no fueron la causa de la decadencia del Callao y del Perú. Dice que la competencia es buena y que la apertura hará que el Perú se beneficie de la entrada de mercancías extranjeras a menores precios.
Pero la apertura de los 80 trajo un "boom" de importaciones: en 1785 estas aumentaron 6 veces hasta 25 millones de pesos anuales, mientras que las exportaciones se mantuvieron estables en 4 millones de pesos anuales. Obviamente, ese déficit comercial era insostenible. La respuesta de Baquíjano fue imprecisa y hasta contradictoria:
"No es el libre comercio el que ha extraído excesivas sumas del Reino: la crecida introducción de efectos (bienes) es la que ha imposibilitado su venta. Estas se han practicado en la mayor parte al fiado y con el riesgo inevitable de quedar sin recaudarse. Los retornos (ingresos por exportaciones) han sido iguales a los años anteriores al permiso. Y esta última reflexión es el inexpugnable convencimiento de que no han habido esas destructoras exportaciones de dinero" (p.250).
En otras palabras, el libre comercio es bueno pero lo malo es que los importadores han importado demasiado, lo que ha producido el déficit comercial y el derrumbe de precios en la economía local: "este excedente (de importaciones) forma una estagnación que ha impedido el curso de los negocios" (p.242).
O sea, lo que Baquíjano quería es que haya libre comercio y que, a la vez, los actores económicos se comporten racionalmente para que no haya un "boom" de importaciones que, luego no pueden colocarse (hasta las venden al fiado). Pero sucede que se comportaron tan irracionalmente que las importaciones superaron 6 veces el valor de las exportaciones.
Al final, Baquíjano dice que es necesaria alguna medida que disminuya el enorme flujo de las importaciones lo que, de manera implícita, lo coloca del lado de la regulación del comportamiento de los actores económicos. O sea, un equilibrio entre el mercado y el rol regulador del Estado. Lo que quiere decir que Baquíjano no era dogmático y proponía medidas que corrigieran las fallas del mercado (en el cual creía). Eso es ya bastante y lo coloca muy por encima del dogma absoluto en el cual se sitúan nuestros "ayatollas" de turno, lo que vemos todos los días.
_________________________________________
(1) Disertación Histórica y Política sobre el Comercio del Perú,
Peruano, Tomo I, números 23-31.
(2) José de la Riva Agüero, Boletín # 12 del Museo Bolivariano, Lima, 1929.
Fujimori y el mito del "progreso económico"
lunes, 24 de septiembre de 2007
Publicado en Connuestroperu
por Marco Antonio Flores Villanueva
desde Boston, USA
Durante once años el fujimorismo actuó descaradamente destruyendo la reserva moral del país con el uso vitando de la mentira, la compra-venta de voluntades, y la distorsión y manipulación premeditada, concertada y brutal de la realidad.
Para ello utilizaron periodistas (muchos de ellos todavía en circulación y hoy convenientemente reciclados), cómicos, ídolos del balompié nacional, conductores de talk-shows, políticos de "oposición", empresarios "nacionales" y militares "patriotas".
Ahora que el sátrapa ha sido vergonzosamente extraditado desde Chile, gracias a la atenta mirada de la opinión pública internacional, los personajes que tejieron la más execrable red de corrupción en la historia del Perú republicano han regresado a los mismos medios de expresión que, durante once años de oprobio bajo el régimen criminal de Alberto Fujimori, se convirtieron en el mejor instrumento de publicidad del dictador.
Así, ayer sábado la ex-congresista Luz Salgado, agente conocida del fujimorismo, encaramada en la tribuna ofrecida por RPP y por su director, sintomáticamente acrítico durante la emisión de ese programa, ha sostenido, con desparpajo, que Alberto Fujimori tomó "decisiones difíciles" en "momentos difíciles" y que el sátrapa habría sido el artífice del "progreso económico" del país.
La leyenda, el mito del "progreso económico" es la estrategia que ha venido utilizando el fujimorismo para limpiar la cara culpable del frustrado candidato al senado japonés y empequeñecer aquellos "errores" en que incurrió el dictador al ejercer la presidencia del Perú. "Errores" que el fujimorismo (y probablemente su aliado, el actual vice-presidente del Perú, Luis Giampietri) denominan "excesos justificables ", mientras el Código Penal de los países de todo el mundo y la doctrina universal del derecho criminal tipifican esos "excesos justificables" como "delito".
Porque para el fujimorismo mendaz, que busca astutamente su reposicionamiento impune en la política nacional, la supuesta conquista del "progreso económico" bajo la conducción autoritaria de Fujimori, es la carta de justificación y redención del sátrapa contra los delitos que cometió durante su mandato. Para ellos pesa más en la balanza de su "moral política" el supuesto "progreso económico" del país bajo el régimen brutal de su líder, que las vidas humanas de hombres, mujeres y niños, víctimas inocentes de un delincuente y rufián disfrazado de presidente del Perú.
Pero las cifras, esa evaluación inobjetable de la estadística, deja materialmente sin piso al movimiento político sin patria del ciudadano japonés Alberto Fujimori.
Así, en materia de crecimiento económico, entre 1991 al 2000 el crecimiento nominal del país sólo alcanzó un 3.6%, es decir -y tomando como referente la administración constitucional más tumultuosa en términos parlamentarios-, comparativamente igual al promedio alcanzado por Fernando Belaúnde Terry en su primer mandato, sin Montesinos y sin peruanos ejecutados en la Cantuta; mientras que la tasa de crecimiento per capita, es decir el mejor valor para medir el desarrollo económico real del país, llegó durante el mismo período, 1991-2000, a la magra cifra de 1.9%.
Y mientras los señores Montesinos, Hermoza Ríos, Joi Way y los más cercanos colaboradores del nipón se llenaban alegremente los bolsillos con dinero que pertenece al país, como se ha probado con las gruesas cuentas bancarias que les fueron ubicadas en el extranjero, tal vez los fondos producto de las privatizaciones escandalosas y que se hicieron humo, cuatro mil empresas peruanas terminaron en la quiebra, miles de compatriotas se vieron desocupados y bajo un nuevo régimen laboral salvaje y condenado por la OIT, mientras que el nivel de pobreza del Perú, según la CEPAL, permaneció, durante once años de satrapía e impunidad casi sin variación alguna a los niveles que alcanzó el país desde 1970.
Y si tomamos como referente el nivel de pobreza en 1995, que fue de 47.8%, el fujimorismo renunciante vía fax dejó en el 2001 siete puntos porcentuales de más de miseria y hambre en el Perú, es decir 54.8%.
Once años de crímenes y corrupción que tampoco le significaron al Perú, en lo económico, un cambio histórico de su persistente modelo primario de exportación; por el contrario, la dependencia de nuestra economía a la variación del precio de nuestros productos en el mercado internacional fue el triste espectáculo que dominó el gobierno del "nuevo tigre" sudamericano, que juró transformar el país con "honradez, tecnología y trabajo".
Los números terminan pues por disolver, señora Luz Salgado, no solamente al fujimorismo asesino de la democracia y los derechos humanos del Perú, hoy extraditado por la fuerza moral de la opinión pública, sino también la mitología del "progreso económico" bajo un régimen que fue ladrón y criminal y que reprodujo más pobreza y miseria en el país.
Finalmente se queja la señora Salgado que algunos peruanos comparan a Alberto Fujimori con Augusto Pinochet. Recuerde la encubridora de los crímenes del régimen más oscuro de la historia del Perú, que fue el propio nipón quien se autotituló públicamente "Chinochet", haciendo él mismo un paralelo exacto con la triste figura culpable de un personaje que asesinó y ejecutó seres humanos inocentes por el pecado de combatirlo políticamente.
Por ello demandamos ni perdón ni olvido para este criminal, que hundió a la patria en la miseria y el hambre y cuyos acólitos, asalariados y sin verguenza, pretenden hoy redimirlo con el título mendaz de "artífice del progreso económico del Perú".
Boston, setiembre 23 del 2007
http://www.marcofloresvillanueva.blogspot.com/
http://www.pagimaslibres.blogspot.com/
http://www.pueblocontinente.com/
Publicado en Connuestroperu
por Marco Antonio Flores Villanueva
desde Boston, USA
Durante once años el fujimorismo actuó descaradamente destruyendo la reserva moral del país con el uso vitando de la mentira, la compra-venta de voluntades, y la distorsión y manipulación premeditada, concertada y brutal de la realidad.
Para ello utilizaron periodistas (muchos de ellos todavía en circulación y hoy convenientemente reciclados), cómicos, ídolos del balompié nacional, conductores de talk-shows, políticos de "oposición", empresarios "nacionales" y militares "patriotas".
Ahora que el sátrapa ha sido vergonzosamente extraditado desde Chile, gracias a la atenta mirada de la opinión pública internacional, los personajes que tejieron la más execrable red de corrupción en la historia del Perú republicano han regresado a los mismos medios de expresión que, durante once años de oprobio bajo el régimen criminal de Alberto Fujimori, se convirtieron en el mejor instrumento de publicidad del dictador.
Así, ayer sábado la ex-congresista Luz Salgado, agente conocida del fujimorismo, encaramada en la tribuna ofrecida por RPP y por su director, sintomáticamente acrítico durante la emisión de ese programa, ha sostenido, con desparpajo, que Alberto Fujimori tomó "decisiones difíciles" en "momentos difíciles" y que el sátrapa habría sido el artífice del "progreso económico" del país.
La leyenda, el mito del "progreso económico" es la estrategia que ha venido utilizando el fujimorismo para limpiar la cara culpable del frustrado candidato al senado japonés y empequeñecer aquellos "errores" en que incurrió el dictador al ejercer la presidencia del Perú. "Errores" que el fujimorismo (y probablemente su aliado, el actual vice-presidente del Perú, Luis Giampietri) denominan "excesos justificables ", mientras el Código Penal de los países de todo el mundo y la doctrina universal del derecho criminal tipifican esos "excesos justificables" como "delito".
Porque para el fujimorismo mendaz, que busca astutamente su reposicionamiento impune en la política nacional, la supuesta conquista del "progreso económico" bajo la conducción autoritaria de Fujimori, es la carta de justificación y redención del sátrapa contra los delitos que cometió durante su mandato. Para ellos pesa más en la balanza de su "moral política" el supuesto "progreso económico" del país bajo el régimen brutal de su líder, que las vidas humanas de hombres, mujeres y niños, víctimas inocentes de un delincuente y rufián disfrazado de presidente del Perú.
Pero las cifras, esa evaluación inobjetable de la estadística, deja materialmente sin piso al movimiento político sin patria del ciudadano japonés Alberto Fujimori.
Así, en materia de crecimiento económico, entre 1991 al 2000 el crecimiento nominal del país sólo alcanzó un 3.6%, es decir -y tomando como referente la administración constitucional más tumultuosa en términos parlamentarios-, comparativamente igual al promedio alcanzado por Fernando Belaúnde Terry en su primer mandato, sin Montesinos y sin peruanos ejecutados en la Cantuta; mientras que la tasa de crecimiento per capita, es decir el mejor valor para medir el desarrollo económico real del país, llegó durante el mismo período, 1991-2000, a la magra cifra de 1.9%.
Y mientras los señores Montesinos, Hermoza Ríos, Joi Way y los más cercanos colaboradores del nipón se llenaban alegremente los bolsillos con dinero que pertenece al país, como se ha probado con las gruesas cuentas bancarias que les fueron ubicadas en el extranjero, tal vez los fondos producto de las privatizaciones escandalosas y que se hicieron humo, cuatro mil empresas peruanas terminaron en la quiebra, miles de compatriotas se vieron desocupados y bajo un nuevo régimen laboral salvaje y condenado por la OIT, mientras que el nivel de pobreza del Perú, según la CEPAL, permaneció, durante once años de satrapía e impunidad casi sin variación alguna a los niveles que alcanzó el país desde 1970.
Y si tomamos como referente el nivel de pobreza en 1995, que fue de 47.8%, el fujimorismo renunciante vía fax dejó en el 2001 siete puntos porcentuales de más de miseria y hambre en el Perú, es decir 54.8%.
Once años de crímenes y corrupción que tampoco le significaron al Perú, en lo económico, un cambio histórico de su persistente modelo primario de exportación; por el contrario, la dependencia de nuestra economía a la variación del precio de nuestros productos en el mercado internacional fue el triste espectáculo que dominó el gobierno del "nuevo tigre" sudamericano, que juró transformar el país con "honradez, tecnología y trabajo".
Los números terminan pues por disolver, señora Luz Salgado, no solamente al fujimorismo asesino de la democracia y los derechos humanos del Perú, hoy extraditado por la fuerza moral de la opinión pública, sino también la mitología del "progreso económico" bajo un régimen que fue ladrón y criminal y que reprodujo más pobreza y miseria en el país.
Finalmente se queja la señora Salgado que algunos peruanos comparan a Alberto Fujimori con Augusto Pinochet. Recuerde la encubridora de los crímenes del régimen más oscuro de la historia del Perú, que fue el propio nipón quien se autotituló públicamente "Chinochet", haciendo él mismo un paralelo exacto con la triste figura culpable de un personaje que asesinó y ejecutó seres humanos inocentes por el pecado de combatirlo políticamente.
Por ello demandamos ni perdón ni olvido para este criminal, que hundió a la patria en la miseria y el hambre y cuyos acólitos, asalariados y sin verguenza, pretenden hoy redimirlo con el título mendaz de "artífice del progreso económico del Perú".
Boston, setiembre 23 del 2007
http://www.marcofloresvillanueva.blogspot.com/
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¿Rebaja de impuestos a los ricos?
30 de septiembre de 2007
Publicado en Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
En las últimas semanas, Pedro Pablo Kuczynski ha afirmado que, como los ingresos fiscales han mejorado, el gobierno debería disminuir los impuestos, sobre todo el IGV, pero también el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), así como el Impuesto Transitorio a los Activos Netos (ITAN), que es pagado sobre todo por las grandes empresas). Pero no lo propuso cuando fue Premier y Ministro de Economía. Lejos de eso, declaró que "es conocido que a los empresarios no les gusta pagar impuestos" ( www.cristaldemira.com , 6/1/2007).
Para saber si la recaudación tributaria es alta o baja, hay que hacer un análisis comparativo. Según la CEPAL, la presión tributaria en la Región, incluidos los ingresos tributarios y los no tributarios (sobre todo regalías provenientes de los recursos naturales) es de 18.5% del PBI. En el Perú (ver cuadro), hemos estado siempre por debajo de ese promedio. En verdad, estamos en la cola de América Latina.
Cuando nos comparamos con vecinos más cercanos, vemos que Bolivia recaudará en el 2007 el 33.2% del PBI, el doble que nosotros, en parte debido a la renegociación de los contratos de gas. Pero aun si no se tomara en cuenta las regalías gasíferas, los ingresos tributarios de Bolivia son superiores a los nuestros: en el 2007, las regalías serán el 10.2% del PBI, mientras que los ingresos no provenientes del petróleo serán 21.3% del PBI. Chile y Colombia también nos dan "chico y partido".
Esto quiere decir, de manera inequívoca, que la recaudación tributaria en el Perú tiene que aumentar, por lo menos a 18% del PBI como ya lo ha propuesto el Acuerdo Nacional. De esa manera, podremos enfrentar el necesario gasto en salud, educación, seguridad e infraestructura. Así las cosas, ¿cómo es posible que un día sí y el otro también, leamos las noticias sobre la falta de Estado en todo el país y que la derecha empresarial plantee una reducción de impuestos?
Hay que decir, también, que si existe poca capacidad de gasto e inversión, esto se explica por el desmantelamiento del Estado que esos mismos sectores implementaron desde el gobierno: recuérdese que bajo Toledo la inversión pública llegó al mínimo, pues solo fue 2.8% del PBI. Pero estos sectores tienen amplia coraza y caparazón. Hoy, sin vergüenza, se rasgan las vestiduras por "la ineficiencia del Estado".
La cuestión central, entonces, es que se necesita una mayor recaudación tributaria y mejorar la inversión y el gasto: es prioritaria la necesaria capacitación a todos los niveles del gobierno (central, regional y local) para superar este escollo.
Si la derecha empresarial fuera seria, su propuesta de recorte de impuestos (sobre todo del IGV y del Selectivo al Consumo a los combustibles, las únicas que sí podrían beneficiar a los pobres) tendría que venir de la mano de la eliminación de las exoneraciones de impuestos que la benefician. Pero eso no sucede, porque cuando hubo la oportunidad de hacer la reforma tributaria, este gobierno la postergó. Sin embargo, sí eliminó las exoneraciones tributarias a la Amazonía.
En un artículo anterior (www.cristaldemira.com, 24/3/2007), demostramos que las exoneraciones al sector financiero (calculadas por la SUNAT y publicadas por el MEF en el Marco Macroeconómico Multianual, MMM), superan los S/. 1,200 millones. Allí están las exoneraciones a las ganancias de capital en la Bolsa, a los impuestos a los tenedores de bonos, a los depósitos de más de S/. 700,000 en el sector bancario, así como a la exoneración del IGV a los seguros de vida. Pero no se incluyen en el MMM el impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras, que permitirían guardar pan para la época de las vacas flacas, pues recaudaría varios miles de millones de soles.
Nada de eso le interesa a PPK y compañía, como ya sabemos. Lo que no deja de sorprender es su cuajo para proponer que se bajen los impuestos a los ricos.
Publicado en Connuestroperu
Por Humberto Campodónico
En las últimas semanas, Pedro Pablo Kuczynski ha afirmado que, como los ingresos fiscales han mejorado, el gobierno debería disminuir los impuestos, sobre todo el IGV, pero también el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), así como el Impuesto Transitorio a los Activos Netos (ITAN), que es pagado sobre todo por las grandes empresas). Pero no lo propuso cuando fue Premier y Ministro de Economía. Lejos de eso, declaró que "es conocido que a los empresarios no les gusta pagar impuestos" ( www.cristaldemira.com , 6/1/2007).
Para saber si la recaudación tributaria es alta o baja, hay que hacer un análisis comparativo. Según la CEPAL, la presión tributaria en la Región, incluidos los ingresos tributarios y los no tributarios (sobre todo regalías provenientes de los recursos naturales) es de 18.5% del PBI. En el Perú (ver cuadro), hemos estado siempre por debajo de ese promedio. En verdad, estamos en la cola de América Latina.
Cuando nos comparamos con vecinos más cercanos, vemos que Bolivia recaudará en el 2007 el 33.2% del PBI, el doble que nosotros, en parte debido a la renegociación de los contratos de gas. Pero aun si no se tomara en cuenta las regalías gasíferas, los ingresos tributarios de Bolivia son superiores a los nuestros: en el 2007, las regalías serán el 10.2% del PBI, mientras que los ingresos no provenientes del petróleo serán 21.3% del PBI. Chile y Colombia también nos dan "chico y partido".
Esto quiere decir, de manera inequívoca, que la recaudación tributaria en el Perú tiene que aumentar, por lo menos a 18% del PBI como ya lo ha propuesto el Acuerdo Nacional. De esa manera, podremos enfrentar el necesario gasto en salud, educación, seguridad e infraestructura. Así las cosas, ¿cómo es posible que un día sí y el otro también, leamos las noticias sobre la falta de Estado en todo el país y que la derecha empresarial plantee una reducción de impuestos?
Hay que decir, también, que si existe poca capacidad de gasto e inversión, esto se explica por el desmantelamiento del Estado que esos mismos sectores implementaron desde el gobierno: recuérdese que bajo Toledo la inversión pública llegó al mínimo, pues solo fue 2.8% del PBI. Pero estos sectores tienen amplia coraza y caparazón. Hoy, sin vergüenza, se rasgan las vestiduras por "la ineficiencia del Estado".
La cuestión central, entonces, es que se necesita una mayor recaudación tributaria y mejorar la inversión y el gasto: es prioritaria la necesaria capacitación a todos los niveles del gobierno (central, regional y local) para superar este escollo.
Si la derecha empresarial fuera seria, su propuesta de recorte de impuestos (sobre todo del IGV y del Selectivo al Consumo a los combustibles, las únicas que sí podrían beneficiar a los pobres) tendría que venir de la mano de la eliminación de las exoneraciones de impuestos que la benefician. Pero eso no sucede, porque cuando hubo la oportunidad de hacer la reforma tributaria, este gobierno la postergó. Sin embargo, sí eliminó las exoneraciones tributarias a la Amazonía.
En un artículo anterior (www.cristaldemira.com, 24/3/2007), demostramos que las exoneraciones al sector financiero (calculadas por la SUNAT y publicadas por el MEF en el Marco Macroeconómico Multianual, MMM), superan los S/. 1,200 millones. Allí están las exoneraciones a las ganancias de capital en la Bolsa, a los impuestos a los tenedores de bonos, a los depósitos de más de S/. 700,000 en el sector bancario, así como a la exoneración del IGV a los seguros de vida. Pero no se incluyen en el MMM el impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras, que permitirían guardar pan para la época de las vacas flacas, pues recaudaría varios miles de millones de soles.
Nada de eso le interesa a PPK y compañía, como ya sabemos. Lo que no deja de sorprender es su cuajo para proponer que se bajen los impuestos a los ricos.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Hipótesis sobre la corrupción I y II
Hipótesis sobre la corrupción
La República
Dom, 25/04/2010
Por Martín Tanaka
Los recientes “destapes” de (probables) casos de corrupción esbozan un panorama confuso para quien quiere entenderlo analizando la evidencia disponible, y no dejándose llevar por sus convicciones o prejuicios. Una de las fuentes de confusión es que las hipótesis existentes están atravesadas por disputas y celos entre periodistas y empresas periodísticas. Otro problema es que prima la especulación, y parece no haber mejor remedio cuando las evidencias se desaparecen o falsean, o cuando las pistas terminan en versiones contrapuestas, la palabra de uno frente a la del otro, resolviéndose según la credibilidad personal de cada quien.
Quizá ayude a la comprensión de todo esto ubicarnos en marcos más amplios de análisis. ¿Qué es lo que tenemos? Para empezar, empresas que compiten no mediante mecanismos de mercado, sino usando información consecuencia de actividades de espionaje.
Este da cuenta además de actos ilícitos o sospechosos entre empresas, lobbistas, políticos y funcionarios, que llegan hasta personajes de muy alto nivel. Toda la información registrada permite que se haya establecido firmemente en el país el mecanismo de dirimir intereses o diferencias políticas recurriendo a una denuncia periodística que los medios siguen con entusiasmo (basta que sea escandalosa, no necesariamente que sea cierta). Esto es parte de la herencia del fujimontesinismo.
Considerar los antecedentes es clave: hemos tenido una liberalización económica sin tener mercados verdaderamente competitivos, con actores privados todavía acostumbrados a funcionar al amparo de favores del Estado, con instituciones débiles, sin partidos democráticos, sin una oposición con suficiente capacidad de presión y fiscalización. En este marco llegó al poder un partido debilitado, pero con una amplia red de operadores en busca de oportunidades de negocio de todo tipo, con buenas relaciones con el poder, aunque no necesariamente articulados con este.
Frente a esta realidad, el gobierno ha sido muy displicente. La lógica ha sido más bien retroceder ante cada escándalo puntual que aparece; cancelar compras y operaciones, renuncias de funcionarios, evitar que las cosas lleguen a mayores. Esta lógica sugiere que los operadores de la corrupción, si bien están cerca, no serían parte del núcleo gubernamental, a diferencia de lo que ocurría con el fujimorismo, caracterizado por un manejo centralizado de los grandes negocios. Y a diferencia de los casos del corrupción durante el toledismo, habría una red mucho más grande y articulada, consecuencia del distinto grado de consolidación de los operadores de cada partido. Finalmente, la diferencia de la corrupción actual con la del primer gobierno de García estaría en el cambio en los roles del Estado: antes los negocios estaban en el manejo de regulaciones y empresas estatales, ahora en oportunidades de inversión en un contexto de crecimiento de la inversión pública.
Hipótesis sobre la corrupción (2)
Dom, 09/05/2010
Por Martín Tanaka
Continúo con reflexiones iniciadas hace dos semanas. Empiezo con un comentario sobre las últimas “revelaciones”, que siento que no cambian el panorama en lo sustancial: sigue sorprendiéndome cómo nos dejamos imponer la agenda de mafias privadas que sueltan videos y audios según su conveniencia, cómo los medios explotan entusiastamente las “primicias” que les llegan, al margen de su contenido y consistencia, cómo las primeras impresiones refuerzan puntos de vista establecidos a priori (si perjudica a quien no me simpatiza, es cierta; si perjudica a quien me simpatiza, es una farsa, producto de un complot político), dejándose de lado la tarea más complicada de verificar todo lo que se dice. La política se judicializa cada vez más, pero como no confiamos en las instituciones, las cosas se deciden en el tribunal de los medios. Y como los actores políticos buscan legitimarse en medio de los escándalos, siguen a las mareas de la opinión pública, y esa es la verdadera razón por la cual estos escándalos pueden crear graves crisis políticas.
Pero esta semana quiero analizar cuál sería la solución a todo esto. En las últimas semanas han aparecido contribuciones que vale la pena reseñar, que claramente siguen líneas ideológicas. De un lado, Alfredo Bullard ubica el origen de la corrupción en derechos de propiedad mal definidos, y propone la reducción del Estado y la privatización como receta. No muy lejos, Jaime de Althaus asocia la corrupción con el patrimonialismo y el clientelismo, y el antídoto es el mercado, la libre competencia.
En el otro extremo, para Humberto Campodónico, Alberto Adrianzén y Nicolás Lynch la corrupción sería consecuencia de la complicidad entre grandes intereses privados y el Estado promovida por el modelo económico neoliberal. Lynch y Carlos Iván Degregori suman a éste el efecto que ha tenido sobre las conductas; habría un sentido común individualista, un desapego de lo público que hace a la gente más proclive a ignorar las normas. La receta implicaría un cambio de modelo económico, el fortalecimiento del Estado, la promoción valores solidarios.
¿Son excluyentes estas interpretaciones y recetas? Lo son desde el punto de vista ideológico, pero tal vez no en términos prácticos. Para empezar, la preocupación por la “captura del Estado” y el “capitalismo de amigotes” es compartida por liberales y socialistas; segundo, es posible pensar, simultáneamente, en limitar las oportunidades de corrupción, restringiendo la intervención estatal, y en fortalecer los organismos de control y sanción, así como mecanismos de rendición de cuentas, transparencia y participación. Varios actores políticos han propuesto la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción, la elevación de penas y eliminación de beneficios penitenciarios, lo que merece discutirse. En torno a estos parámetros podría crearse un amplio consenso ciudadano. ¿Qué dicen los candidatos respecto a esto?
La República
Dom, 25/04/2010
Por Martín Tanaka
Los recientes “destapes” de (probables) casos de corrupción esbozan un panorama confuso para quien quiere entenderlo analizando la evidencia disponible, y no dejándose llevar por sus convicciones o prejuicios. Una de las fuentes de confusión es que las hipótesis existentes están atravesadas por disputas y celos entre periodistas y empresas periodísticas. Otro problema es que prima la especulación, y parece no haber mejor remedio cuando las evidencias se desaparecen o falsean, o cuando las pistas terminan en versiones contrapuestas, la palabra de uno frente a la del otro, resolviéndose según la credibilidad personal de cada quien.
Quizá ayude a la comprensión de todo esto ubicarnos en marcos más amplios de análisis. ¿Qué es lo que tenemos? Para empezar, empresas que compiten no mediante mecanismos de mercado, sino usando información consecuencia de actividades de espionaje.
Este da cuenta además de actos ilícitos o sospechosos entre empresas, lobbistas, políticos y funcionarios, que llegan hasta personajes de muy alto nivel. Toda la información registrada permite que se haya establecido firmemente en el país el mecanismo de dirimir intereses o diferencias políticas recurriendo a una denuncia periodística que los medios siguen con entusiasmo (basta que sea escandalosa, no necesariamente que sea cierta). Esto es parte de la herencia del fujimontesinismo.
Considerar los antecedentes es clave: hemos tenido una liberalización económica sin tener mercados verdaderamente competitivos, con actores privados todavía acostumbrados a funcionar al amparo de favores del Estado, con instituciones débiles, sin partidos democráticos, sin una oposición con suficiente capacidad de presión y fiscalización. En este marco llegó al poder un partido debilitado, pero con una amplia red de operadores en busca de oportunidades de negocio de todo tipo, con buenas relaciones con el poder, aunque no necesariamente articulados con este.
Frente a esta realidad, el gobierno ha sido muy displicente. La lógica ha sido más bien retroceder ante cada escándalo puntual que aparece; cancelar compras y operaciones, renuncias de funcionarios, evitar que las cosas lleguen a mayores. Esta lógica sugiere que los operadores de la corrupción, si bien están cerca, no serían parte del núcleo gubernamental, a diferencia de lo que ocurría con el fujimorismo, caracterizado por un manejo centralizado de los grandes negocios. Y a diferencia de los casos del corrupción durante el toledismo, habría una red mucho más grande y articulada, consecuencia del distinto grado de consolidación de los operadores de cada partido. Finalmente, la diferencia de la corrupción actual con la del primer gobierno de García estaría en el cambio en los roles del Estado: antes los negocios estaban en el manejo de regulaciones y empresas estatales, ahora en oportunidades de inversión en un contexto de crecimiento de la inversión pública.
Hipótesis sobre la corrupción (2)
Dom, 09/05/2010
Por Martín Tanaka
Continúo con reflexiones iniciadas hace dos semanas. Empiezo con un comentario sobre las últimas “revelaciones”, que siento que no cambian el panorama en lo sustancial: sigue sorprendiéndome cómo nos dejamos imponer la agenda de mafias privadas que sueltan videos y audios según su conveniencia, cómo los medios explotan entusiastamente las “primicias” que les llegan, al margen de su contenido y consistencia, cómo las primeras impresiones refuerzan puntos de vista establecidos a priori (si perjudica a quien no me simpatiza, es cierta; si perjudica a quien me simpatiza, es una farsa, producto de un complot político), dejándose de lado la tarea más complicada de verificar todo lo que se dice. La política se judicializa cada vez más, pero como no confiamos en las instituciones, las cosas se deciden en el tribunal de los medios. Y como los actores políticos buscan legitimarse en medio de los escándalos, siguen a las mareas de la opinión pública, y esa es la verdadera razón por la cual estos escándalos pueden crear graves crisis políticas.
Pero esta semana quiero analizar cuál sería la solución a todo esto. En las últimas semanas han aparecido contribuciones que vale la pena reseñar, que claramente siguen líneas ideológicas. De un lado, Alfredo Bullard ubica el origen de la corrupción en derechos de propiedad mal definidos, y propone la reducción del Estado y la privatización como receta. No muy lejos, Jaime de Althaus asocia la corrupción con el patrimonialismo y el clientelismo, y el antídoto es el mercado, la libre competencia.
En el otro extremo, para Humberto Campodónico, Alberto Adrianzén y Nicolás Lynch la corrupción sería consecuencia de la complicidad entre grandes intereses privados y el Estado promovida por el modelo económico neoliberal. Lynch y Carlos Iván Degregori suman a éste el efecto que ha tenido sobre las conductas; habría un sentido común individualista, un desapego de lo público que hace a la gente más proclive a ignorar las normas. La receta implicaría un cambio de modelo económico, el fortalecimiento del Estado, la promoción valores solidarios.
¿Son excluyentes estas interpretaciones y recetas? Lo son desde el punto de vista ideológico, pero tal vez no en términos prácticos. Para empezar, la preocupación por la “captura del Estado” y el “capitalismo de amigotes” es compartida por liberales y socialistas; segundo, es posible pensar, simultáneamente, en limitar las oportunidades de corrupción, restringiendo la intervención estatal, y en fortalecer los organismos de control y sanción, así como mecanismos de rendición de cuentas, transparencia y participación. Varios actores políticos han propuesto la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción, la elevación de penas y eliminación de beneficios penitenciarios, lo que merece discutirse. En torno a estos parámetros podría crearse un amplio consenso ciudadano. ¿Qué dicen los candidatos respecto a esto?
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