jueves, 7 de enero de 2010

La incertidumbre respecto al futuro de la economía global no se disipa

RETOS PARA EL 2010

El Comercio
26 de diciembre de 2009

Por: Andrea Ortega Carreño*

La afirmación de que las economías que cayeron en recesión empezaron a crecer nuevamente en el tercer trimestre no convence a algunos de los economistas más respetados del mundo.

“Técnicamente salimos de la recesión, pero no significa que el crecimiento sea positivo; eso tomará algún tiempo”, explica Michael Spence, premio Nobel de Economía 2001. Ello es apoyado por la mayoría de los ocho expertos consultados. Otros pocos son más optimistas y prefieren diferenciar entre las economías aún en problemas, como España, y los mercados emergentes.

Pero incluso los más optimistas coinciden en que el 2010 presenta serios desafíos. El próximo año —coinciden— enfrentaremos el peligro que representan la excesiva liquidez inyectada a los mercados, los déficits fiscales, un ritmo de crecimiento más lento y altas tasas de desempleo en todo el mundo. Para Robert Barro, profesor de Harvard, “hay serios riesgos de que ocurra una contracción económica a futuro [...] esta sería la combinación de lo que podría constituir un desastre económico”.

“Debemos encontrar una salida al exceso de liquidez inyectado en los mercados y las economías del mundo”.
EDMUND PHELPS. NOBEL DE ECONOMÍA 2006

El premio Nobel de Economía 2006 es optimista: “La economía creció los últimos dos trimestres, lo que significa que en el 2010 el crecimiento podría ser mucho mayor de lo que fue este año”. Phelps recuerda que el mundo de las finanzas está marcado por alzas y bajas permanentes y que podría haber algún hecho que haga que los mercados caigan a los niveles registrados tras el colapso de Lehman Brothers, pero “no tiene por qué ser el inicio de una nueva recesión”. Phelps explica que si se quiere consolidar tal crecimiento el 2010, la economía tiene que cumplir tres desafíos: “En el corto plazo, encontrar una salida a esta tremenda liquidez que los bancos centrales han creado. Otro no tan urgente es reducir el déficit en los presupuestos fiscales del mundo”.

Como iniciativa a largo plazo, él apostaría por los cambios estructurales a nivel global, pues “tenemos que encontrar la forma de innovar en economía”.

“Todavía hay riesgos, pero no creo que sea muy alto. Puede que en el 2010 se presenten complicaciones, pero es una probabilidad baja”.
GARY BECKER. NOBEL DE ECONOMÍA 1992

El también profesor de la Universidad de Chicago asegura que la recesión habría terminado antes del tercer trimestre de este año, con los primeros signos positivos en la economía global.

Sin embargo, “eso no significa que volvamos a estar donde estábamos antes de la recesión”, pues para ello se necesitará un esfuerzo mucho mayor que involucre medidas de más largo plazo.

Becker sostiene que los países podrán salir a flote cumpliendo dos desafíos claves: obtener un crecimiento económico más rápido y reducir el desempleo. “Esto ya se está produciendo, pero dudo de que sea un proceso rápido, pero confío en que eso suceda en el 2010 y el crecimiento del mundo sea más alto, lo que permita reducir las cifras de desempleo”, afirma. Para Becker, noticias como las de Dubái y Grecia no son tan alarmantes, pues —a su juicio— si bien existe la posibilidad de caer nuevamente, todavía no es un hecho 100% seguro.

“Salimos de la recesión, pero esto no significa que el crecimiento sea positivo. No ha terminado, tomará tiempo”.
MICHAEL SPENCE. NOBEL DE ECONOMÍA 2001

El economista canadiense está preocupado; advierte que la recesión aún no ha acabado y no descarta la posibilidad de caer el próximo año en una recesión en “W”: “Este es un riesgo. No es el resultado más frecuente, pero se puede disparar una combinación de cosas, como el nivel de desempleo y el bajo crecimiento en la economía real”.

Para él, el peligro más importante en el corto plazo es la posible inflación. “El problema es que los gobiernos necesitan saber cómo salir (de los programas de estímulo) para dejar que la economía sane, aunque tome tiempo”. Así, los niveles de desempleo y el actual déficit de la demanda global son pruebas concretas de que el mundo todavía no ha logrado superar la crisis.

La influencia de las grandes economías sobre las emergentes impediría una pronta recuperación por el tamaño de aquellas. Afirma que es vital que en el 2010 se tomen iniciativas conjuntas entre países, para que los retiros de los planes de estímulo y otros cambios económicos sean simultáneos en todo el mundo. “La mejor forma sería comenzar a subir las tasas de interés en EE.UU., pero en forma coordinada”.

“El futuro de la economía dependerá de lo que al respecto hagan los gobiernos nacionales”.
EDWARD PRESCOTT. NOBEL DE ECONOMÍA 2004

Para el economista neoyorquino, la economía aún está deprimida. “La recesión no es un estado de la economía. EE.UU. está deprimido y se deprimirá aun más.[...] En setiembre del 2008 hubo un fenómeno similar al de 1930. Entonces la gente esperaba un alza de impuestos en el futuro, y eso deprimió a la economía. En el 2008, las inversiones se hundieron, porque la gente así lo esperaba, y entonces no hubo nada que hacer con la crisis financiera”, explica.

El premio Nobel no descarta la posibilidad de caer nuevamente en recesión, lo que generaría el temido modelo “W”. De hecho para el experto los países más perjudicados serían los más desarrollados. “Los malos tiempos vienen para EE.UU., Japón y los países del sur de Europa”, afirma. Aunque no todo es negativo, pues observa países en fuerte auge económico, como China, India y Brasil.

Sin embargo, Prescott asegura que los desafíos del próximo año pasan por las decisiones que se tomen en los gobiernos de cada país. “Yo temo que en Estados Unidos adopten las políticas del oeste de Europa y se deprima tanto como esta área”.

(*) El Mercurio de Chile

miércoles, 6 de enero de 2010

Positiva incertidumbre.

La economía mundial

LA CRISIS FINANCIERA FUE MÁS TURBULENTA DE LO QUE MUCHOS ESPERABAN. ¿ESTÁ BAJANDO LA MAREA O AÚN PODEMOS RECAER?
El Comercio
04 de enero del 2010


“Una de las pocas cosas que tienen en común las crisis es que nadie las ve”, comenta el economista principal del Instituto Peruano de Economía (IPE), Pablo Secada.

Bajo esa lógica, prever lo que le depara a la economía mundial en los próximos meses (ya no digamos años) aparece como una tarea para pitonisos o, en todo caso, de augurios poco serios. Sobre todo si uno observa el paupérrimo récord de predicciones acertadas de los últimos dos años.

No obstante ello, se siguen haciendo pronósticos respecto al crecimiento de la economía mundial para los próximos años. Así, por ejemplo, Goldman Sachs ha revisado su estimado de crecimiento mundial para el próximo año, incorporando en sus predicciones los déficits, los excesos de liquidez y cada desequilibrio y desarreglo económico producto (o causa) de la crisis económica. Según ellos, el mundo no crecerá más de 3% como estima el Fondo Monetario Internacional (FMI) pero comparten con dicho organismo un optimismo contradictorio. Al menos a la luz de las evidencias.

El déficit fiscal de EE.UU. (país que aún detenta la calidad de mayor economía del planeta) y su deuda pública estaría rondando 15% y el 100% respectivamente —en términos relativos— de su PBI este año. Como afirma el economista Juan José Marthans, “eso es insostenible”.

Ahora, él no profetiza un nuevo desastre, pero está prácticamente seguro de que sobrevendrá una recaída, tras la aparente recuperación “porque ninguna de las condiciones que provocaron la crisis ha sido resuelta”. Con esta última afirmación coincidía también el gerente general del HSBC, Luis Felipe Mauger.

Y en la realidad, se pone peor. La proporción de deuda sobre el PBI en la mayoría de países desarrollados es muy alta, los déficits fiscales engendrados por los paquetes de estímulo fiscal son inmensos y ambos siguen creciendo a ritmos alarmantes.

“Con cada día que pasa en que EE.UU. decide no sincerar su economía, la severidad del impacto del ajuste necesario para la recuperación, será más duro”, asegura Marthans. Pero, además, la regulación bancaria y financiera laxa que provocó los descalabros de la crisis, sigue prácticamente intacta y nadie sabe aún a ciencia cierta cómo se habrá de retirar el exceso de liquidez que existe en los mercados y que, como señalan algunos economistas como Élmer Cuba, de Macroconsult, o Hugo Perea, del BBVA, “pueden estar produciendo otras burbujas en algunos sectores de la economía”.

No obstante lo mencionado, el ánimo en los mercados es positivo. Incluyendo a cuatro premios Nobel de Economía, casi todos concuerdan en que el próximo año EE.UU. crecerá más de 3%, en que las economías emergentes (en especial China) se constituirán en los nuevos motores mundiales de crecimiento, que el consumo no se restablecerá en el corto plazo y que la recuperación se consolidará durante el 2010, más allá de algunos baches que deba sortear. Claro, también concuerdan en que la recuperación será muy lenta.

Pero hay algunos riesgos que todos reconocen, desde el FMI (que lo sugiere), hasta los bancos de inversión y pasando por los analistas más discutidos: nadie sabe con certeza qué pasará con China. El ex viceministro de Economía, Eduardo Morón, explica que “el gasto fiscal chino, equivalente al 40% de su PBI, que impulsa su crecimiento es insostenible” y por ello, “el optimismo es un poco exagerado”. Para él y para Secada, como para muchos otros, cuanto más lenta sea la recuperación, mayor será el riesgo de una recaída.

En palabras del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, “la economía mundial está en compás de espera”.

Desarrollo es Equidad

Hacia un Enfoque de Justicia Distributiva para el Desarrollo.
Extraido del blog Asesinato al Margen

Ensayo sobre Justicia Redistributiva del autor, ganador del primer lugar de ensayos de la OEA

Por Stanislao Maldonado Zambrano

Tema: Desarrollo Social

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

smaldonadoz@universia.edu.pe 

Luego de la aplicación de las reformas estructurales inspiradas en el llamado “Consenso de Washington”, América Latina parece encontrarse nuevamente en el punto de partida. La promesa de bienestar asociada a las reformas no se ha cumplido, y son cada vez más los latinoamericanos que cuestionan el modelo de desarrollo vigente por no haber podido reducir los elevados niveles de pobreza y desigualdad que la caracterizan. En el presente trabajo argumentamos que las reformas no pudieron alterar el patrón de desarrollo seguido por la región debido a que no atacaron las marcadas disparidades distributivas que existen en el acceso a los recursos y activos sociales configurados en los contratos sociales de los países de la región. Debido a ello estas sociedades han seguido operando en un contexto de desorden social, teniendo severas restricciones para lograr tasas sostenidas de crecimiento económico y con enormes debilidades institucionales, expresadas éstas en un Estado endeble y un sistema democrático frágil. Por esta razón proponemos, a partir de la revisión de las teorías de la justicia distributiva de John Rawls, Ronald Dworkin, John E. Roemer y Amartya Sen, un marco de justicia distributiva que podría ser útil para la formulación de políticas de desarrollo que corrijan dicha inequidad en el contrato social. Este marco sugiere que las políticas de desarrollo podrían diseñarse a fin de asegurar: a) el acceso equitativo a los recursos y activos sociales, b) la nivelación de las oportunidades a disposición de los individuos y c) la implementación de mecanismos de protección para los individuos contra eventuales desventajas del entorno social al que se enfrentan.

Desarrollo es Equidad:

I. A Modo de Introducción

América Latina se encuentra en un momento de transición muy importante. Luego del proceso de reforma de orientación liberal, inspirada en el Consenso de Washington, la región parece encauzarse hacia un nuevo orden político, signado por la toma del poder por parte de sectores que, en la mayoría de los casos, tienen una orientación política radicalmente distinta a la predominante en la década pasada.

Este cambio en el péndulo político se debe, sin duda, al incumplimiento de la promesa de bienestar asociada a las reformas y a la frustración generada en la población del continente ante los magros resultados de un proceso por el cual se tuvo que pagar una “factura social” muy elevada. Por ello, no es de extrañar que la población latinoamericana se encuentre sumamente insatisfecha y molesta. Cada vez es más frecuente observar manifestaciones, movilizaciones, marchas y paros en pos del logro de una serie de reivindicaciones-comprensibles y justas-que ponen en jaque a los gobiernos y debilita más aun la endeble estructura institucional que los sostienen. Ya sea en Argentina, Bolivia, Ecuador o en el Perú, las masas parecen ya no estar dispuestas a esperar más tiempo a fin de que sus demandas sean atendidas, haciendo más agudos los problemas de gobernabilidad que caracterizan a los países de esta parte del mundo.

Este descontento general contrasta con los resultados macroeconómicos mostrados por casi todos los países de la región. La inflación, que tanto dolor de cabeza ocasionó durante los ochenta, ha sido controlada y el crecimiento, aunque modesto, se reactivó. Los equilibrios fiscales fueron restaurados a la par que se corrigieron una serie de deficiencias en el funcionamiento de los mercados.

Sin embargo, y a pesar de sus impactos positivos, la percepción general del latinoamericano promedio es que las reformas no llegaron a solucionar los problemas fundamentales de la región. Según la Encuesta Latinobarómetro, los habitantes de esta parte del planeta siguen considerando que los principales problemas que los aquejan se asocian con la desocupación (21%), la precariedad laboral (6%), la baja calidad de la educación (18%), los bajos salarios (8%), la pobreza (7%), y la corrupción (7%). Asimismo, al planteárseles la simple pregunta sobre si creían que estaban viviendo mejor o peor que sus padres, solamente el 17% señaló que mejor. El resto, la gran mayoría, consideraba que su situación había desmejorado.

No debe sorprendernos entonces el gran consenso alcanzado respecto a la necesidad de reemplazar el modelo de desarrollo seguido por la región durante la década pasada. Sin embargo, no parece existir la misma claridad con respecto a cuales serian los principios que habrían de guiar el diseño y la implementación de un nuevo modelo de desarrollo a seguir. Y no cabe duda que estamos bastante lejos aún de lograrlo.

La incertidumbre al respecto es muy significativa. Esta se explica por que al parecer la región ya ha probado casi todos los caminos para alcanzar el desarrollo sin obtener los resultados esperados. Durante el último medio siglo se experimentó con dos enfoques casi contrapuestos (estructuralismo y neoliberalismo), ambos con distintas combinaciones estado-mercado y visiones diferentes de la sociedad, sin que se resuelva la extendida pobreza y la elevada desigualdad distributiva que la caracteriza. Ello invita a plantear que ninguna de las estrategias anteriormente mencionadas atacó los factores estructurales que permiten la reproducción del capitalismo subdesarrollado de la región.

Pero, ¿cuáles son esos factores? En el presente documento defenderé la tesis de que la senda de desarrollo que sigue una sociedad depende del carácter equitativo de las pautas distributivas del contrato social que la sustenta. Así, bajo esta perspectiva, el desarrollo de las sociedades, esto es, la capacidad de lograr tasas de crecimiento estables que aseguren el aumento de la riqueza de la sociedad conjuntamente con el reconocimiento y respeto al ejercicio de las libertades humanas fundamentales, dependen básicamente del grado de equidad de la sociedad, esto es, la equidad de su contrato social.

Si tener un contrato social equitativo y justo es un factor fundamental para el desarrollo de una sociedad, resulta siendo relevante indagar acerca de las condiciones que nos han de permitir articular contratos sociales de esta naturaleza. A partir de la revisión de las principales teorías sobre la justicia distributiva proponemos un conjunto de principios que podrían asegurarnos, desde nuestra perspectiva, alcanzar esto último.

II. La Desigualdad como Causa Ultima del Subdesarrollo

2.1. Contratos Sociales y Sendas de Desarrollo

De aquí en adelante, cuando hablamos del grado de equidad de una sociedad nos estaremos refiriendo a la forma en que en su respectivo contrato social se define la distribución de cargas y beneficios entre los miembros del sistema social . La suma de arreglos sociales que subyacen al contrato social regulan el conjunto de deberes y responsabilidades asignadas a los individuos así como establecen el conjunto de derechos que permiten el acceso, control y disfrute de los recursos y activos sociales. La totalidad de estos activos sociales, en complemento con los activos naturales, permiten a los individuos participar en diversos intercambios sociales que consideran valiosos.

Los Activos Sociales y los Activos Naturales.

Las dotaciones de los individuos están compuestas por dos grandes clases de activos: los activos sociales y los activos naturales. A su vez, entre los activos sociales debemos considerar a 3 tipos de activos: los activos económicos, los políticos y los culturales. El conjunto de estos activos constituye la dotación de activos. Provistos de estos activos, los individuos participan en los diversos procesos sociales relacionados con la organización económica (sistemas productivos y mercados), el ordenamiento político-institucional y la cultura (Figueroa, Altamirano y Sulmont 1996) .

La distribución de éstos activos entre los individuos depende de las pautas distributivas establecidas en el contrato social. Si dichas pautas aseguran un acceso equitativo o inequitativo a los recursos dependerá de las condiciones históricas en las que dichos contratos sociales fueron configurados y en los factores que permiten su recreación. Es decir, la historia cuenta.

Colonización y Subdesarrollo

En los últimos años los economistas y teóricos políticos han encontrado evidencia que sugiere que los países que “nacieron” como producto de procesos de colonización han encontrado severas dificultades para asegurar el acceso al bienestar de sus respectivas poblaciones. En estos países fueron implantados regímenes coloniales que establecieron marcadas diferencias en el control y acceso a los recursos entre dominadores y dominados, derivándose en la conformación de sociedades multiculturales y multiétnicas en las cuales se establecieron contratos sociales cuyas pautas distributivas eran marcadamente inequitativas. La desigual distribución de los activos entre los diversos grupos étnicos y culturales ha derivado en la generación de procesos de exclusión social que se han reproducido a través del tiempo .

La conquista trajo consigo la imposición de una determinada escala de valoración social, la misma que infravalora los valores y costumbres de los grupos sociales excluidos. Así, este proceso derivó en la conformación de una sociedad estamental, una sociedad de castas. Con ello, éstos grupos sociales han terminado siendo víctimas de la marginación del resto de la sociedad. De esta forma, la magnitud e intensidad de los procesos de exclusión social son producto del grado de inequidad en la distribución de los activos y recursos establecidas en el contrato social. La consecuencia de ello ha sido la conformación de un sistema social excluyente y fragmentado .

Las condiciones iniciales con las que partieron las sociedades importan a la hora de comprender la naturaleza y el origen de las desigualdades distributivas características de las naciones. El grado de desigualdad inicial de los países ejerce una enorme influencia en el resultado del proceso económico de producción y distribución. Una desigual distribución de los activos y recursos derivará en una desigual repartición del ingreso y es ésta desigualdad la que a su vez impone costos elevados para la reproducción del sistema social. De esta forma, la sociedad tendrá limitadas posibilidades para asegurar elevadas expectativas de vida para sus miembros.

2.2. Sociedades Desiguales y Trampas del Subdesarrollo.

¿Cuáles son los mecanismos a través de los cuales la desigualdad afecta al desarrollo? A fin de dar respuesta a esta interrogante para el caso de América Latina, vamos a construir una sociedad abstracta, que llamaremos de aquí en adelante sociedad LAC . En esta sociedad abstracta, existe propiedad privada del capital productivo y el intercambio de bienes entre los individuos se realiza a través del sistema de mercado. Asimismo, existen tres tipos de organizaciones: familias (que venden factores productivos de su propiedad para satisfacer sus necesidades), empresas capitalistas (que compran factores productivos con objeto de producir bienes y servicios) y el Gobierno (que tiene como funciones: controlar la emisión monetaria y gastar en bienes públicos a través del cobro de impuestos).

Vamos a considerar además que en esta sociedad abstracta los activos sociales se hallan desigualmente distribuidos entre la población y que es sobrepoblada , esto es que el acervo de capital disponible no permite dar empleo al total de la población (exceso de oferta laboral).

Finalmente, asumimos que los agentes sociales son optimizadores, es decir, buscan maximizar su conjunto objetivo (satisfactores sociales) dada su restricción (stock de activos sociales)

Dadas estas condiciones, deberemos observar en la Sociedad LAC un determinado proceso de producción y distribución. Sin embargo, es necesario introducir previamente una hipótesis adicional, que llamaremos Hipótesis de Tolerancia de la Desigualdad. De acuerdo con esta hipótesis, en esta sociedad abstracta los individuos tienen un nivel de tolerancia a la desigualdad. Cuando la desigualdad en la distribución del ingreso excede ese nivel, los individuos reaccionaran tomando un conjunto de acciones para modificar la distribución resultante a través de mecanismos situados fuera del mercado.

A partir de estos supuestos podemos desarrollar dos casos de la Sociedad LAC, un primer caso que podemos denominar Sociedad LAC con Distribución Desigual de los Activos Económicos (LAC1) y otra que podríamos llamar Sociedad LAC con Distribución Desigual de Activos Económicos, Políticos y Culturales (LAC2) . Dado que la diferencia entre ambos casos se dará solo al nivel de intensidad, hablaremos de ahora en delante de LAC2 .

¿Cómo funciona la sociedad abstracta LAC2? Dada la desigual distribución de los activos sociales, esta sociedad funcionará con elevados niveles de desigualdad y exclusión social. Debido a la sub-acumulación de capital, el desarrollo de los mercados será incipiente, derivando ello en un contexto en el cual las posibilidades de inclusión en los mercados básicos de trabajo, crédito y seguros serán limitadas.

¿Quiénes serán los excluidos? Dada la desigual distribución de activos sociales, la exclusión de mercado no será aleatoria. Serán quienes dispongan de un menor stock relativo de activos sociales quienes resulten excluidos. En el caso específico del mercado laboral, esto se evidenciará en una alta proporción de la masa laboral insertada en el sector de pequeña producción y sujetos a relaciones laborales no capitalistas.

¿Cómo se reproduce LAC2? Dado el elevado nivel de desigualdad, LAC2 funcionará con desorden social. Los individuos emprenderán acciones que cuestionan el statu quo modificando privadamente las reglas que rigen el proceso de distribución de recursos y activos sociales afectando con ello la solidez misma del contrato social.

¿Cómo afectará el desorden social al proceso de reproducción de LAC2? Existen dos canales básicos a través de los cuales el desorden social afectará la capacidad de LAC2 para reproducirse. En un primer canal básico, el desorden social opera limitando las posibilidades de LAC2 de lograr tasa de crecimiento económico sostenibles en el tiempo. Esto se debe fundamentalmente a que el desorden social limitará las posibilidades de inversión privada debido a los mayores costos de transacción y costos de protección de la propiedad asociados a este contexto. Al caer la inversión también caerá consigo el crecimiento.

En el segundo canal básico, el desorden social opera afectando la solidez de las instituciones, el sistema democrático y el Estado mismo. En un contexto de desorden social, la inestabilidad política se incrementará debido al aumento de las actividades de oposición política y al conflicto político. Por otro lado, el desorden social afectará significativamente la fortaleza del Estado y con ello su capacidad de administrar la desigualdad generada por el sistema de mercado, por lo cual, ante tal debilidad, proliferarán gobiernos de carácter autoritario.

Así, LAC2 tendrá severa limitaciones para reproducirse y asegurar el acceso al bienestar a su población. La desigual distribución de activos llevará a una desigual distribución del ingreso conjuntamente con una situación de desorden social asociada a una reducción de las posibilidades de crecimiento económico y un sistema institucional débil e incapaz de administrar la desigualdad generada por el sistema de mercado. En suma, LAC2 caerá en una trampa del subdesarrollo.

III. Construyendo Contratos Sociales Justos para el Desarrollo.

“ El primer individuo al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir ‘esto es mío’ y encontró a gentes lo bastantes simples como para hacerle caso, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuantos crímenes, guerras, asesinatos, cuantas miserias y horrores no le hubiera ahorrado al genero humano el que, arrancando las estacas o cegando el foso, hubiera gritado a sus semejantes ‘guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que las frutas a todos pertenecen y que la tierra no es de nadie’.....”
J.J. Rousseau
Discurso sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres (1754)

3.1. Contratos Sociales y Justicia Distributiva.

En la sección anterior llegamos a la conclusión de que un elevado nivel de desigualdad puede derivar en la generación de menores expectativas de desarrollo para una sociedad. Ante la relevancia que tiene el constituir un contrato social justo a fin de asegurar que un sistema social facilite a sus miembros el acceso a mejores condiciones de vida, surge la necesaria pregunta respecto a cuales son las condiciones que nos permitan articular contratos sociales de ésta naturaleza.

Aunque las respuestas brindadas son muy diversas podemos apelar a la propuesta de Sen (1995) y organizar las distintas propuestas teóricas en el campo de la justicia distributiva en función al tipo de igualitarismo que defienden.

El Igualitarismo de Recursos

Dentro de este primer grupo de propuestas ser enmarcan los trabajos de los filósofos Jhon Rawls y Ronald Dworkin, y del economista de tendencia marxista John E. Roemer. Estos comparten la creencia de que un contrato social será justo en la medida que asegure un acceso igual por parte de los individuos a los medios que permiten la generación de riqueza, aunque difieren respecto a cuales son éstos medios y sobre los principios y mecanismos que permitirían asignarlos equitativamente entre los individuos.

Por ejemplo, en la propuesta de Rawls el objeto primario de la justicia distributiva consiste en “.. la estructura básica de la sociedad o, mas exactamente, el modo en que las grandes instituciones sociales distribuyen los derechos y deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social” (Rawls 1997[1971], pág.20) . Dada la radical importancia de las instituciones sobre la equidad distributiva, Rawls sugiere la adopción de una serie de principios que nos sirvan de guía para la selección de un esquema de organización social cuya justicia dependa esencialmente de la manera en como se asignen, por un lado, los derechos y deberes fundamentales, y por el otro, las oportunidades económicas y las condiciones sociales entre los diversos sectores de la sociedad. Este conjunto de principios habrán de regular la distribución justa de lo que nuestro autor llama "bienes sociales primarios", entendiendo por éstos a los “ derechos, libertades, oportunidades y poderes, así como ingresos y riquezas"(Rawls 1997[1971], Pág.95).

¿Cuáles serán estos principios? Para responder esta pregunta Rawls apela a una situación puramente hipotética en la cual se supone que los individuos eligen, en un acto conjunto, los principios por los cuales se han de asignar los derechos y deberes básicos así como determinar la división de los beneficios provenientes de la cooperación social. En esta “posición original” las personas llegarían a seleccionar los principios de justicia social tras un “velo de ignorancia” en el cual “... nadie sabe cual es su lugar en la sociedad, su posición, clase o ‘status’ social; nadie sabe tampoco cual es su suerte en la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza, etc.” (Rawls 1997[1971],pág. 25 . Según Rawls, dadas estas condiciones, los individuos llegarían a un acuerdo sobre los dos principios de justicia que serian elegidos en la posición original. La enunciación básica de éstos seria la siguiente:

Primero: cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás

Segundo: las desigualdades sociales y económicas habrán de ser conformadas de modo tal que a la vez que: a) se espere razonablemente que sean beneficiosas para los menos aventajados, b) se vinculen a empleos y cargos asequibles para todos en condiciones de justa igualdad de oportunidades (Rawls 1997[1971],pág. 67-68, 88).

De acuerdo con nuestro autor, un contrato social sustentado en éstos principios nos permitirá construir un sistema social justo. En particular, el segundo principio (conocido como el principio de diferencia) nos permite asegurar que las desigualdades favorezcan a los menos afortunados .

Las limitaciones del enfoque de Rawls para abordar el asunto de la responsabilidad individual dieron origen a la propuesta de Ronald Dworkin. Según este autor, la concepción de Rawls falla tanto por hacer responsables a los individuos de situaciones de las que no son responsables como por no hacerlos responsables de decisiones que si están bajo su control . A fin de superar estas limitaciones, Dworkin propone un enfoque alternativo basado en una situación hipotética, una subasta walrasiana , en la que se subastan todos los recursos de la sociedad entre todas las personas, las mismas que participan provistos con idénticos número de fichas que sólo son útiles con propósito de participar en la subasta (Dworkin 1993). Dicha subasta se repetirá hasta que nadie estuviese interesado en continuar, situación que se dará cuando cada participante se encuentre satisfecho con el stock de recursos que controla y no prefiera la cesta de recursos de alguno otro. Según Dworkin, en ese momento llegaremos a la igualdad perfecta pues habremos satisfecho el “test la envidia”, esto es, “...Cuando ningún miembro de la comunidad envidia el conjunto total de recursos que está bajo control de cualquier otro miembro” (Dworkin 1993, pág. 87).

Sin embargo, esta situación es ideal. Debido a que el stock de recursos de un individuo no se compone sólo de recursos impersonales sino también de recursos personales como el talento, la ambición, la predisposición de asumir riesgos, etc., de naturaleza claramente intransferible, la subasta sólo sería aplicable para el caso de los recursos impersonales o externos por lo cual nada nos aseguraría que el “test de la envidia” sea satisfecho con éxito. Los individuos podrían no envidiar la dotación de recursos impersonales de otro pero si la dotación total. Así, según Dworkin, “…una vez finalizada la subasta, y cuando empecemos a producir y a intercambiar a partir de nuestros recursos iniciales, sus ventajas en talento y salud no tardarán en destruir incluso nuestra inicial igualdad de recursos materiales” (Dworkin 1993, pág. 89). Por esta razón, Dworkin propone el establecimiento de mecanismos de compensación que aminoren, hasta donde sea factible, las desigualdades de recursos personales y de suerte configurados de acuerdo con hipotéticos mercados de seguros. De esta manera, los individuos podrán enfrentar de mejor manera las consecuencias del reparto inequitativo de ventajas naturales que no pudo resolverse en la subasta walrasiana.

Por su parte el economista americano de tendencia marxista John Roemer ha insistido también en las limitaciones del enfoque de Rawls para abordar el asunto de la responsabilidad individual. De acuerdo con Roemer, la construcción de Rawls del “velo de la ignorancia” vuelve nebulosa la distinción entre la responsabilidad del individuo y las circunstancias que le ha tocado enfrentar. Asimismo, considera que algunos de los bienes que Rawls incluye como primarios, tales como el ingreso y la riqueza, son el resultado conjunto del esfuerzo responsable y otros insumos, y por lo tanto no deberían de ser considerados dentro del listado de cosas a ser igualadas entre las personas (Roemer 2000, pág. 1).

¿Que es lo que deberíamos igualar entonces? Según Roemer deberíamos preocuparnos por la “igualdad de oportunidades” (equality of opportunities). Según este autor, la sociedad no debería asegurar a los individuos contra malos resultados cuando éstos son producto de elecciones individuales hechas después que las oportunidades han sido igualadas (Roemer 1995) .

¿Cómo articular arreglos sociales justos a partir de esta perspectiva? En forma similar a Rawls, Roemer construye una situación hipotética apelando a una metáfora que denomina “nivelando el campo de juego” (leveling playing field) en donde los ciudadanos de un país compiten por insumos claves para su desarrollo humano, tales como educación, salud e ingresos.

¿Que deberíamos nivelar a fin de lograr una competencia justa? De acuerdo con Roemer, deberíamos nivelar las desventajas y ventajas que las personas sufren o disfrutan en este competencia, las cuales son producto de circunstancias que están más allá de su control .

¿Cómo podría una sociedad podría implementar un esquema de igualdad de oportunidades como política social? Para Roemer, el diseño e implementación de políticas compensatorias destinadas a “nivelar el campo de juego” frente a una problema social determinado debe partir del reconocimiento, por parte de la sociedad, del conjunto de factores que están más allá del control de las personas que condicionan las elecciones de estas con respecto a la problemática en particular. A partir de este procedimiento Roemer sugiere dividir la sociedad en grupos o tipos en función a los valores de los individuos respecto a éstas circunstancias .

De acuerdo con Roemer, un procedimiento de igualdad de oportunidades exige que tratemos a las personas de diferente tipo, pero ubicadas en posiciones semejantes en sus respectivas distribuciones, en forma semejante. Así, bajo la propuesta roemeriana, las personas “... are indemnified against the consequences of being in a particular group, but no against the consequences of their autonomous actions within that group” (Roemer 1995).

El Igualitarismo de Capacidades

Por su parte, Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, ha cuestionado la propuesta de Rawls en razón de su concentración sobre los “bienes sociales primarios” como la variable clave a la hora de evaluar una postura igualitarista. Según este autor, personas conformadas de modo distinto y ubicadas en diversos espacios físicos y sociales requieren de diferentes cantidades de “bienes sociales primarios” para satisfacer las mismas necesidades, por lo que “judging adventage purely in terms of primary goods lead to a partially blind morality” (Sen 1980, pág. 216).

De acuerdo con Sen, en la postura de Rawls (y también en la de Dworkin) subyace un criterio fetichista debido a que concede demasiada atención a los bienes o a los recursos. Para nuestro autor, “... aunque los bienes son valiosos, no lo son por si mismos. Su valor radica en lo que pueden hacer por el gente o más bien, lo que ésta puede hacer con ellos” (Sen 1983, pág. 116).

Para Sen una propuesta igualitarista debería concentrarse en “algo” que sea posterior a los bienes o recursos pero anterior al disfrute que se deriva de la utilización de éstos. Ese “algo” es la capacidad (en el lenguaje de Sen) que dispone cada individuo de transformar sus recursos en libertades para el logro de sus propios fines (Sen 2000, pág. 99).

Debido a que esta conversión depende de una serie de factores asociados a la diversidad humana, la igualdad de recursos o de bienes primarios puede ir acompañada con severas desigualdades en las libertades reales de acción y decisión a disposición de los individuos. Es por esta razón que Sen sugiere que deberíamos preocuparnos por la igualdad de las capacidades. Este es la idea fundamental del “enfoque de capacidad” (capability approach) defendida por este autor.

Según este enfoque el bienestar de una persona puede entenderse considerando la calidad de su vida (Sen 1995, pág. 53). La vida puede verse como un conjunto de “funcionamientos” interrelacionados, consistentes en estados y acciones. Estos funcionamientos “...representan partes del estado de una persona: en particular, las cosas que logra hacer o ser el vivir” (Sen 1996, pág. 55) .

Relacionada con la noción de funcionamiento aparece el concepto de “capacidad”. Este último representa el conjunto de las diversas combinaciones de “funcionamientos” (estados y acciones) que la persona puede alcanzar. Por esta razón, la capacidad es el reflejo de la libertad fundamental que tiene un individuo para lograr distintas combinaciones de funciones que le permitan llevar el tipo de vida que tenga razones para valorar. Así, el “enfoque de capacidades” toma en cuenta tanto lo que una persona es capaz de hacer realmente (a través del concepto de funcionamiento) como las oportunidades reales para alcanzar su propio bienestar (a través del “conjunto de capacidades”).

3.2. Justicia Distributiva para el Desarrollo.

A partir de esta discusión sobre las teorías de la justicia distributiva vamos a desprender ahora un conjunto de políticas sobre las cuales, dado el grado de avance teórico alcanzado en el campo, consideramos que podría establecerse consenso.

Un principio básico que puede plantearse aquí es que el fin de toda estrategia de desarrollo debería concentrarse en la libertad que tienen las personas para llevar el tipo de vida que consideran valiosa (Sen 2000). Así, una política igualitarista debería orientarse a crear las condiciones bajo las cuales los individuos tengan igual acceso al ejercicio responsable de dicha libertad.

¿Que tipo de políticas deberíamos promover, bajo un marco de justicia distributiva, para el logro de un esquema cada vez más extenso de libertades reales para los individuos?

De acuerdo con nuestra discusión deberíamos promover:

(a) Políticas orientadas a promover el acceso equitativo de los individuos, en particular los menos aventajados, a los recursos y activos sociales con el propósito de “nivelar el campo de juego”, es decir, asegurar que las circunstancias no impidan que los individuos puedan llevar adelante su propio plan de vida, debido a que estas resultan siendo arbitrarias desde el punto de vista moral.

En el caso de los activos y recursos económicos esto implicaría acceso social amplio a la educación y salud de calidad así como ampliación y democratización del acceso al crédito. Asimismo, en el caso de los activos y recursos políticos ello comprendería la implementación de mecanismos que permitan el respeto efectivo, irrestricto y equitativo en términos de etnia, clase y genero al ejercicio de las libertades políticas básicas de los sectores menos aventajados, el acceso real de los más pobres a sistemas de justicia y el incrementar de su poder político, lo cual supone, además, promover su participación y organización a fin de obtener mayor poder de negociación con las instituciones del Estado y de la sociedad civil con las cuales se relacionan.

Finalmente, en el caso de los activos y recursos culturales el diseño e implementación de políticas debería considerar respeto a la pluralidad y diversidad cultural a través de mecanismos que defiendan y promuevan la identidad de las colectividades regionales, el respeto a sus valores y demás expresiones culturales; el combate a prácticas discriminatorias en contra de los grupos menos aventajados en razón de su origen étnico, clase social, lengua, genero, etc; así como desarrollo de mecanismos de integración cultural basados en el respeto al uso de la propia lengua por parte de los grupos excluidos.

(b) Políticas orientadas a promover la ampliación y la nivelación de las oportunidades que disponen los individuos para llevar adelante su propio plan de vida, en particular las de los menos aventajados. Esto resulta siendo importante en la medida de que aun si equiparásemos a los individuos en términos de los recursos bajo su control las posibilidades de transformarlos en bienestar dependerá de sus propias capacidades y de las características del entorno social al que se enfrentan. Dado que estos factores están, en la mayoría de las ocasiones, más allá del control de los individuos resulta siendo moralmente arbitrario que las personas vean limitadas sus expectativas de vida en razón de estos factores.

Este tipo de políticas deben realizarse a distintos niveles entre los que podemos considerar los siguientes:

• Nivel 1: Políticas orientadas a promover un crecimiento económico de naturaleza equitativa en el cual se favorezcan las expectativas de los menos aventajados de la sociedad por medio de un sesgo a favor de la mano de obra y las regiones más atrasadas.

• Nivel 2: Políticas orientadas a promover la creación, funcionamiento eficiente y desarrollo de mercados, en particular en las regiones más atrasadas. Ello debería contemplar inversiones en infraestructura, el fomento de la inversión privada, reformas de mercado orientadas a democratizar los mercados laborales y de crédito; el fomento de las capacidades productivas de las regiones menos adelantadas a través de mecanismos de promoción de la inversión privada, la inversión publica en infraestructura productiva y en tecnología, y asistencia técnica; y la promoción de mecanismos de transparencia en el acceso a la información a fin de evitar la corrupción.

• Nivel 3: Políticas orientadas a mejorar la calidad y eficiencia de las instituciones estatales, en particular las orientadas a servir a los menos favorecidos, a través de reformas institucionales orientadas a disminuir paulatinamente los mecanismos sociales que excluyen a estos grupos de la entrega real de derechos por parte del Estado. Ello debería considerar la erradicación del centralismo a través del fortalecimiento de las capacidades locales y regionales y la descentralización de los recursos financieros; el fortalecimiento de los órganos de control estatal así como promoción para la creación y el robustecimiento de mecanismos de vigilancia social desde la sociedad civil.

• Nivel 4: Políticas orientadas a promover el aprovechamiento y uso sostenible de los recursos naturales y la protección y conservación del medioambiente.

• Nivel 5: Políticas orientadas a promover el desarrollo del capital social de la sociedad, en particular de los sectores menos favorecidos. Entre estas debemos considerar mecanismos diseñados con el fin de fortalecer las organizaciones de la sociedad civil a través de la creación de redes, la capacitación y la asistencia técnica.

• Nivel 6: Políticas diseñadas con el fin de asegurar el acceso equitativo a infraestructura de servicios sociales básicos de calidad tales como sistemas de agua y saneamiento, construcción de escuelas e infraestructura de salud para los sectores menos aventajados de las regiones más atrasadas de la sociedad.

(c) Políticas orientadas a promover la protección de los individuos, en particular los menos aventajados, frente a situaciones adversas de su entorno social al que se enfrentan y cuyo control escapa de su alcance (brute bad luck).Estas deben dirigirse tanto a controlar el impacto de los riesgos como a establecer mecanismos compensatorios para quienes resultan afectados por éstos.

En el primer caso deberíamos considerar entre otras cosas:

• Políticas orientadas a prevenir y aminorar los efectos de los desastres naturales.

• Políticas orientadas a controlar así como compensar a los individuos por los efectos perniciosos de enfermedades, epidemias o discapacidades producto de factores no controlables del entorno.

• Políticas orientadas a controlar y aminorar los efectos de las crisis económicas sobre la calidad de los menos favorecidos.

• Políticas orientadas a controlar los niveles de violencia de la sociedad a través del desarrollo de sistemas de seguridad ciudadana y el fortalecimiento de políticas preventivas del delito

En el segundo caso podemos tener en cuenta:

• Políticas diseñadas con el fin de establecer redes de protección social, dirigidas en particular a los menos aventajados, a través de mecanismos institucionales que respondan con rapidez y eficiencia frente a situaciones adversas.

• Promoción de mecanismos que conlleven al desarrollo de mercados de seguros que permitan a los productores, en particular los pequeños, puedan absorber los riesgos asociados a sus actividades productivas.

El conjunto de políticas esbozado en estas líneas no pretende ser un listado completo ni acabado al respecto. De hecho, dado un conjunto de principios de justicia, es posible derivar varios conjuntos de políticas. Hay mucho por hacer todavía a fin de lograr un mayor consenso respecto al tipo de criterios que han de regular el diseño e implementación de políticas que deriven en la conformación de arreglos sociales justos.

Adicionalmente, es conveniente hacer un conjunto de observaciones respecto al conjunto de políticas que hemos presentado:

a) Una estrategia de desarrollo basada en criterios de justicia distributiva deberá considerar el conjunto de políticas presentadas como complementarias. No se podrán alcanzar resultados sostenibles en el tiempo si es que sólo se incide en un tipo particular de políticas.

b) A pesar de esta complementariedad, es necesario establecer niveles de jerarquía entre las mismas. Consideramos que en el centro de nuestra atención deben situarse las políticas orientadas a promover el acceso equitativo de los individuos a los activos y recursos sociales como condición sine qua non para avanzar en la construcción de una sociedad desarrollada y distributivamente justa. Las otras dos líneas de políticas resultan siendo condiciones suficientes mas no sostenibles sin el conjunto de políticas anterior.

c) Finalmente, la implementación de una estrategia de desarrollo de esta naturaleza requiere del concurso coordinado de una multiplicidad de actores entre los que se encuentran el Estado, el Sector Privado, la Sociedad Civil en todas sus formas y la cooperación internacional, todos con algún nivel de responsabilidad. Sólo en la medida en que se orienten efectivamente las capacidades de todos los involucrados hacia el logro de objetivos de desarrollo consensuados habrán de alcanzarse resultados duraderos en términos del acceso por parte de los individuos, en particular los menos aventajados, a las libertades fundamentales de acción y decisión.

IV. A Modo de Conclusión

La desigualdad es, no cabe duda, uno de los principales obstáculos que tiene que superar América Latina a fin de lograr mayores niveles de democratización en el acceso al bienestar. Mas no cualquier desigualdad es la que deberíamos combatir. En realidad, no es la distribución del ingreso nuestro principal problema. A nuestro entender el principal factor estructural del atraso de la región es aquella desigualdad configurada en los contratos sociales.

Ello implica que cualquier política redistributiva que busque lograr impactos significativos en la reducción de las disparidades en el acceso al bienestar que caracterizan a la región, debería prestar atención a la distribución de los medios que permiten la generación de riqueza. Para ello es preciso reformar el conjunto de instituciones que se hallan tras la distribución de los activos sociales. He aquí, a nuestro entender, unos de los factores más importantes a tomar en cuenta para el diseño de una nueva estrategia de desarrollo para la región.

No cabe duda que esta última afirmación es particularmente importante. A pesar de que han pasado ya más de quinientos años desde la colonización de la región por parte de los europeos, la impronta que la dominación extranjera imprimió en la naturaleza de las instituciones básicas de la sociedad, entendiendo por estas a aquellas instituciones que regulan la distribución de los activos sociales entre los miembros de un sistema social, sigue aún afectando las posibilidades de desarrollo de la región debido al gran impacto que estas tienen sobre la senda de desarrollo de largo plazo de la región.

América Latina no podrá alcanzar mejores resultados en la lucha contra el atraso y la extendida pobreza de la región en la medida en que no resuelva las agudas desigualdades que la caracterizan. Para ello será necesario incidir en la distribución equitativa de los activos sociales como condición sine qua non a fin de lograr mejores condiciones para la reproducción social de su población. Así, la igualdad no es solo un fin para alcanzar el desarrollo de la región, sino es, esencialmente, un medio fundamental para lograr el mismo.

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1.-Estudiante de último ciclo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, Perú. Smaldonadoz@universia.edu.pe


2.-El presente trabajo es una versión revisada de un documento presentado en la Oficina Central del Banco Mundial en Washington DC, el 23 de Abril del 2003, gracias a una invitación del Presidente del Banco, James Wolfensohn, en el marco del Programa Voces Nuevas. Michael Walton, David Varela, Norman Hicks, Shelton Davis, Kathy Bain, Elizabeth Dasso y Josefina Stubbs, todos del Banco Mundial, me brindaron valiosas observaciones durante el proceso de elaboración de esta propuesta. Como es de rigor, la responsabilidad por lo aquí escrito es exclusivamente mía.



Economías informales latinoamericanas: tragedia y potencial de crecimiento regional

Publicado en Revista Latinoamericana de desarrollo Humano


Giovanni E. Reyes, Coordinador del Informe Nacional de Desarrollo Humano PNUD-Venezuela1

Uno de los mayores dramas en que se debaten las sociedades latinoamericanas es la falta de oportunidades productivas en la región. El empleo, los puestos de trabajos permanentes y bien remunerados son escasos y no permiten a grandes sectores de la población insertarse en las nuevas dinámicas de la economía. Muchas veces de manera solapada, los países con menos recursos han enfrentado el desafío de propiciar medios de vida a trabajadores. En estas circunstancias, la “salida” se ha concretado en el inmediatismo competitivo de las maquilas.

En otros casos, los grandes contingentes de desempleados, de inmensos grupos empobrecidos, son presa fácil de las manipulaciones, por lo general en las coyunturas que traen consigo los eventos electorales. De allí una de las razones para el enraizamiento de débiles sistemas democráticos e institucionales. Ese escenario dista sólo un paso del abierto populismo y del uso demagógico de recursos estatales.

Ante la carencia de empleo estable y bien remunerado, el eslabón por excelencia entre el crecimiento económico y el desarrollo que demanda desde siempre la región, las personas entran a los circuitos de la sobrevivencia a como dé lugar, en las economías marginales. Se trata de las también llamadas economías subterráneas o informales. Es la tragedia diaria del subempleo, de las ventas cotidianas al menudeo, y donde no pocas veces la legitimidad de las transacciones se desvanece ante las urgencias y las necesidades de grupos al borde de la subsistencia.

Sin embargo, es también en esos circuitos, en donde se localiza uno de los mayores potenciales para el crecimiento económico y el bienestar en la mayor parte de las naciones latinoamericanas. La magnitud de las condiciones respecto a la economía informal regional, ha sido dada a conocer recientemente en un estudio que en un total de doce países, ha realizado el Banco Interamericano de Desarrollo.

El documento puntualiza evidencias contundentes sobre este fenómeno social. Por ejemplo: (i) el 65% de las propiedades urbanas en Latinoamérica son “extralegales”, los dueños no tienen títulos de propiedad lo que restringe su utilización como garantías para accesos financieros; (ii) el 76% de las propiedades rurales latinoamericanas son “extralegales”, se trata de terrenos invadidos; (iii) el 92% de las empresas en la región son “extralegales”, no poseen registros que les permita operar en diferentes transacciones tales como importaciones, exportaciones, e intercambios crediticios.

El referido estudio sostiene que la economía informal latinoamericana representa la nada despreciable suma de 1.2 millones de millones de dólares en “capital muerto”, es decir que constituye casi un 50% del total de producción anual que se genera en América Latina y el Caribe. Ese “capital muerto” se aproxima a casi un 75% del total de producción anual de la economía italiana.

Un país que parece haber comprendido el potencial de la situación es Chile. La ampliación de oportunidades laborales y la “formalización” de empresas subterráneas, ha contribuido a sostener un escenario económico y social en el cual, si bien es cierto que las inequidades han aumentado, no es menos evidente que el total de pobres ha disminuido en más de la mitad, respecto a las cifras que se tenían hace 13 años.

Uno de los mayores desafíos en el ámbito de la política económica de los países latinoamericanos es el de promover un reconocimiento de los espacios informales. Ello se concretaría en apoyos sostenidos a las pequeñas empresas, en sus requerimientos de capacitación productiva, de dotación responsable de créditos, y en la viabilidad de canales de comercialización. Esto último es particularmente crucial respecto a las actividades agrícolas.

Actualmente, tenemos ejemplos de cómo la confianza en los más pobres, sus capacidades y sus anhelos de salir adelante, pueden dar resultados. La magistral exposición nos la da a conocer Muhammad Yunus, con su banco de microcréditos Grameen. Desde mediados de los años setenta ha propiciado pequeños créditos a grupos de prestamistas, con especial énfasis en cooperativas de mujeres.

El aprovechamiento de las economías subterráneas latinoamericanas, y la apertura de nuevas oportunidades para la población marginada, se traduce en promover la inclusión social y el desarrollo sostenible en nuestras sociedades. Se trata de que la política cumpla con un deber concreto: que las personas puedan tener vidas prolongadas, y creativas, basadas en su esfuerzo y dignidad.


1- Professor, University College; Graduate School of Public and International Affairs, University of Pittsburgh, con numerosas publicaciones en las áreas de economía del desarrollo y asuntos políticos; ex Director Ejecutivo del Centro Internacional para la Pre-Inversión y el Desarrollo en América Central; ex representante ante la Organización Internacional del Café con sede en Londres; ex consultor de la Comisión Económica para América Latina, Banco Interamericano y la Organización de Naciones Unidas. Actualmente es Coordinador del Informe de Desarrollo Humano en Venezuela giovanni.reyes@undp.org

Resistencia: ¿los ricos son dueños del 2010?

La República
Dom, 03/01/2010

Para los multiempleados el tiempo se vuelve cruel y maligno. Y nos chupa la vida. Con algo de tiempo podemos activar el pensamiento crítico.

Por Rocío Silva Santisteban


Hace años entrevisté a un filósofo español que escribió sobre la ética de los náufragos: ¿podemos tener ética en un momento de precariedad y desesperación? Él respondió que sí, siempre, que aun en casos desesperados y de precariedad extrema se deben tomar decisiones apelando a una ética elemental. Y me advirtió que la indignación es un gran sentimiento para lograr ese primer paso. Unos cuantos años antes, entrevisté a una señora que vendía tejas en el camino a Humay. La señora era muy pobre, tenía apenas una casa de madera, una cocina de kerosene, en donde, acondicionadas en situación apretujada, estaban las tejas sobre un mantel de lino blanco impecable. Las condiciones de su repostería eran paupérrimas, pero de una blancura de nieve. Le tomé unas fotos y ella me pidió previamente un tiempo para arreglarse, colocarse delicadamente unos pendientes baratos, y esas fotos fueron la imagen de la mujer más digna que he tomado en mi vida. La dignidad no está en la pobreza, pero es más difícil, es muchísimo más difícil, encontrarla entre los ricos.

Dignidad e indignación parecen ser dos lados de la misma moneda. Hace doscientos años la relación entre los ingresos de pobres y ricos era de 9 a 1; ahora, es de 60 a 1. ¿Qué significa en buena cuenta eso? Que, por ejemplo, tres de los multimillonarios de la revista Forbes son dueños de la misma cantidad de dinero que el PBI de los cuarenta y ocho países más pobres. La fortuna de Bill Gates, nomás –por nombrar a uno de los “ricos buenos”– es igual a la suma de la fortuna de 106 millones de estadounidenses. ¿Qué hacen con esa cantidad de dinero? La re-invierten, pierden y ganan, la juegan en Wall Street casi como si fuera Las Vegas y a veces producen terremotos económicos que pueden llevar a la pobreza, precisamente, a esos 106 millones mencionados. Por eso es falsa la hipótesis de que la riqueza no genera pobreza, como sostienen algunos mantras del libre mercado; quizás no en un laboratorio de índices al vacío, pero cuando se tienen que tomar decisiones éticas, y estas responden al afán de acumulación capitalista, los productos de estas decisiones pueden ocasionar la caída de hipotecas, de precios y hasta de los índices de PBI de países ninguneados.

La globalización ha creado un efecto de “aparente” igualdad de acceso a la información y a ciertos bienes que circulan por el mundo más baratos que hace cien años; pero esto es potencialidad pura pues, en la realidad dura y cruda, el acceso a esos bienes e incluso a otros intangibles, como la salud, la educación, la democracia, está cada vez más limitado. Por eso los afanes de Rupert Murdoch por organizar un sistema de copyright inescrutable para pretender cobrar por el acceso a sus periódicos en Internet; y por eso nosotros, en nuestra resistencia pasiva precaria, seguimos pirateando a diestra y siniestra, sobre todo, software. Una de las luchas del 2010 tiene que ser el acceso libre al conocimiento.

Pero otra, la principal, es el acceso al tiempo. El tiempo de los países capitalistas periféricos, como el nuestro, nos rompe la espina dorsal con sus angustias, sus premuras, sus colas interminables, sus combis a velocidad de tortuga. El tiempo para los multiempleados se vuelve cruel y maligno. Y nos chupa la vida. Con algo de tiempo podemos poner en marcha el pensamiento crítico, la conciencia sobre los discursos autoritarios, la indignación ante actos tan indignos y viles como esos vergonzosos indultos, esos vergonzosos archivamientos de pruebas en los Petroaudios, esos silencios cómplices, o ante la ignominia de las universidades chicha.

Para este 2010 les deseo tiempo, dignidad e indignación.

HIJOS DE LA CRISIS 14: SECRETOS CHINOS

Martes 5 de enero de 2010

Espacio Compartido
Fernando Villarán

Hay unanimidad en el mundo, en reconocer que China fue el país menos afectado por la crisis mundial del 2008-2009, y el que más rápidamente se está recuperando de ella. Las cifras son contundentes, mientras que los países desarrollados tuvieron una caída de la producción de – 4.1% en el 2009 y sólo van a crecer 0.7% en el 2010 (estimados de la OCDE), China ha crecido 8% en el 2009 y espera crecer 9.5% en el 2010.

Esta performance tan espectacular no hace sino confirmar la muerte del modelo neoliberal. La tesis central de esta ideología: la ausencia del Estado, fue la causa principal de la crisis del 2008; en contraposición, fue la masiva y eficaz intervención del Estado la que evitó una recesión más grave a nivel mundial; y, su liderazgo es la explicación principal del éxito chino. Si en algún país del mundo la presencia del Estado es dominante ese es China, y hoy día Estados Unidos y los países europeos se están acercando rápidamente a este nuevo paradigma.

Ciertamente no se trata de cualquier Estado. ¿Qué rol cumple el Estado en la economía y, sobre todo, qué relación tiene este Estado con el sector privado, extranjero y nacional? Aquí está uno de los secretos del éxito chino.

Como el tema es muy amplio, me concentraré en la Inversión Pública, la poderosa palanca del desarrollo (desde siempre), potenciada por el keynesianismo, y que ha tenido el rol protagónico en los paquetes de estímulo anti crisis en todo el mundo. La habilidad china ha sido la de convertir esta herramienta de reactivación de la demanda de corto plazo en vehículo de cambio estructural y crecimiento de largo plazo.

Los dirigentes chinos (todos ingenieros según Andrés Oppenheimer), han tenido la sabiduría para entender que estamos en la era del conocimiento, que la clave son los recursos humanos, por lo que apuestan por crear y acumular el capital humano en su país. Ellos le dan la bienvenida a la inversión extranjera, siempre que les transfieran la tecnología y el conocimiento que tienen en los países desarrollados. Logran que todo este conocimiento y esta tecnología de punta se deposite en sus profesionales, técnicos y trabajadores calificados, que participan de forma obligatoria, en todos los grandes proyectos de inversión y empresas.

El atractivo del gigantesco mercado chino, y las buenas condiciones para los negocios que existen en el país, además de la ventaja comparativa de su mano de obra calificada y también barata, son argumentos más que suficientes para que todas las grandes corporaciones del mundo, acepten sin chistar las condiciones y exigencias chinas.

Con un ejemplo será más fácil explicar el punto. Dos de las prioridades post crisis del gobierno chino han sido el transporte masivo y las energías limpias. Ambos objetivos se concretaron en el programa: Red Nacional de Transporte de pasajeros de alta velocidad. China va a invertir 292 mil millones (billones) de dólares en los próximos cinco años, para contar con una red de trenes eléctricos de alta velocidad, que permitan interconectar las principales ciudades del país (donde se está mudando el grueso de su población).

Dos de las empresas que van a participar en este sistema de trenes de alta velocidad son: (i) Bombardier, empresa canadiense, la principal del mundo en la fabricación de trenes, que va a construir 80 de ellos, y (ii) Siemens, la principal empresa alemana de ingeniería, que va a tener a su cargo la obra central del sistema: la línea de 1,318 kilómetros que unirá Beijing con Shanghai. Esta obra va a ser la más grande en toda la historia de China, con 32.5 billones de dólares de inversión; aún más grande que la represa de las tres gargantas sobre el río Yangtze.

Estas dos empresas se van a asociar a otras empresas chinas, así como a universidades y centros de investigación locales, para asegurar la transferencia de la tecnología, el conocimiento, y el entrenamiento del personal. Sólo en el tramo Beijing-Shanghai, que estará listo en el año 2012, se dará empleo a 127,000 trabajadores, la mayoría ingenieros, técnicos y obreros calificados.

La justificación económica del proyecto es contundente. El ministro de transporte de China sostiene que una doble línea de trenes rápidos, de ida y vuelta, puede transportar 160 millones de personas al año, frente a una carretera de cuatro carrilles que sólo puede transportar 80 millones. También afirma, que al ser trenes propulsados por energía eléctrica, producen cero contaminación ambiental.

Yo tuve la suerte de subir a una de estas maravillas tecnológicas, el tren rápido MAGLEV (magnetic levitation) en la ciudad de Shanghai. Recorre un tramo de 30 kilómetros entre el centro de la ciudad y el moderno aeropuerto de Pudong, en menos de 8 minutos, a una velocidad de 430 Kilómetros por hora. Nunca pensé ir a tanta velocidad en mi vida; yo estaba esperando que alguna vez alguien me prestara su Fórmula 1 para pasar los 320 Km/h, y resulta que terminé viajando a mayor velocidad que esa, y sin ningún peligro.

La tecnología del MAGLEV es sencillamente alucinante: no tiene ruedas, no tiene rieles, no hay fricción entre superficies metálicas; por eso puede alcanzar velocidades tan altas. Se trata de un sistema eléctrico que genera un fuerza magnética que logra que (i) el tren se eleve en el aire, sobre dos planchas gruesas de acero que actúan como rieles y guías, en los costados inferiores del tren y (ii) crea una fuerza que lo impulsa hacia adelante, a altas velocidades. Esta tecnología ha sido desarrollada por la empresa alemana Siemens; luego de haber probado su tecnología en este tren experimental, ahora se lanza a la producción en masa.

¿Porqué China atrae a estas empresas de punta, porqué logra transferir tanta tecnología y conocimiento a su país? ¿Cómo consigue que esta tecnología se filtre por toda la sociedad, se expanda a la mayoría de empresas? ¿Porqué tiene tantos éxitos el gobierno chino?

Para comenzar, porque sabe lo que quiere (es decir, se propone explícitamente todos estos objetivos), porque tiene una mirada de largo plazo, porque representa los intereses del pueblo chino, toma decisiones en función a la mayoría de los chinos, porque su cúpula no sólo es honesta sino que combate la corrupción que todavía existe en niveles intermedios e inferiores del Estado.

Ninguna de estas condiciones las cumple el Estado peruano; aquí los altos mandos del gobierno están más interesados en las comisiones de las inversiones que en las propias inversiones, su pertinencia e impacto en el conjunto de la economía. Por eso prefieren reunirse con Canaán y muchos hombres de negocio de cuarta categoría, y son incapaces de atraer a las empresas de punta, los empresarios y empresarias más innovadores, que concentran el talento y a la inteligencia mundiales.

Y no se diga que sólo ocurre en el Oriente y en países grandes; aquí en América Latina, está sucediendo en Brasil, Chile, Costa Rica, Colombia y Uruguay. Por eso, ellos tienen un ingreso por cápita mayor al nuestro y van a crecer más en el futuro. ¿Cuándo se va a convencer la gente que corrupción y desarrollo son incompatibles?

domingo, 3 de enero de 2010

Cómo enfrentar la crisis que nos amenaza

October 19, 2008

Por Félix Jiménez
Del blog Economía Política Peruana

La actual crisis internacional tendrá fuertes efectos recesivos e inflacionarios sobre la economía peruana. También tendrá efectos financieros que pueden poner en peligro al sistema bancario local.

Primero, porque disminuirán las exportaciones tanto por la caída de los precios internacionales de los metales como por la recesión en USA, Europa y Japón; lo cual acrecentará el actual déficit del sector externo (balanza en cuenta corriente). Segundo, porque se reducirán los ingresos fiscales por la caída de los precios de las materias primas. Tercero, porque desaparecerá el boom del crédito en dólares que estimuló el crecimiento económico de estos dos últimos años. Las líneas de crédito que obtenían los bancos locales en el exterior se han cortado y/o encarecido por la crisis financiera externa. Cuarto, porque aumentará la salida de capitales del país lo que, junto con el déficit de la balanza en cuenta corriente, presionará al alza del tipo de cambio. Este aumento del tipo de cambio tendrá efectos inflacionarios y afectará negativamente a todos aquellos que tienen deudas en dólares pero ganan en soles.

Aumentando la fragilidad de la economía

Estos efectos negativos sobre la economía peruana de la crisis internacional serán mayores de lo necesario debido a las modificaciones contraproducentes de la política macroeconómica efectuadas durante los dos últimos años. Estas modificaciones han aumentando la vulnerabilidad de la economía ante cambios adversos en el contexto internacional, en lugar de reducirla.

En primer lugar, el actual deterioro externo de la economía (creciente déficit en la balanza en cuenta corriente), es también resultado de la drástica reducción arancelaria, de la aceleración del crédito bancario al sector privado en moneda extranjera y de la caída del tipo de cambio real. Las importaciones crecieron de manera espectacular mientras se desaceleraron las exportaciones. El déficit en la cuenta corriente del segundo trimestre fue de 4.5% del PBI y es muy probable que este año termine con un déficit de 7% del PBI. En consecuencia, aún sin la recesión mundial, los neoliberales de este gobierno, al igual que lo hicieron antes, ya nos conducían directamente a una crisis del sector externo. Y todavía no hemos firmado el TLC con China.

En segundo lugar, el crecimiento de la deuda externa de corto y largo plazo de los bancos locales, ocurrido durante el último año, justo desde que se inicio la crisis financiera en USA, fue fomentado por el Banco Central. Las medidas más importantes fueron el aumento de la remuneración al encaje en moneda extranjera y la exoneración de encajes a los pasivos externos mayores de dos años.

De diciembre de 2006 a agosto de 2008, la deuda externa del sistema bancario aumentó en cerca de 500%. El 45% de esta deuda externa es de corto plazo. En este mismo período el crédito al sector privado de las empresas bancarias en dólares aumentó en 46.6%. La deuda externa financia el 41.1% de estos créditos en moneda extranjera.

Esta deuda externa aumenta la fragilidad del sistema financiero porque ante un recorte abrupto de estos recursos externos puede generarse una crisis bancaria similar a la que ocurrió en 1998 que tiene efectos recesivos y eleva el tipo de cambio. A esto, habría que sumarle la elevación del límite operativo de las inversiones de las AFPs en el exterior hasta 30%, cosa que también incrementará la presión alcista sobre el dólar.

En tercer lugar, la ausencia de una reforma tributaria, junto al «óbolo minero» y la pérdida de ingresos tributarios por más de 3 mil millones de soles por las rebajas arancelarías, han acentuado la inestabilidad de las cuentas fiscales ante cambios adversos en el contexto internacional. Un sistema tributario regresivo como el actual impide aumentar el gasto público durante las recesiones. Nótese que en el presupuesto del próximo año ya se ha recortado el gasto en inversión pública ante la eventualidad de una caída de los ingresos fiscales.

¿Qué hacer?

Primero, hay que impedir el agravamiento del déficit externo. Para ello debe imponerse aranceles a las importaciones a los bienes de consumo conspicuo o elevar el respectivo impuesto selectivo al consumo de estos bienes importados.

Segundo, hay que evitar un ataque especulativo contra nuestra moneda y una salida masiva de capitales. Para ello debe dejarse subir gradualmente el tipo de cambio, que atenuará la reducción acelerada de las reservas internacionales del BCR y, además, contribuirá a restablecer el equilibrio del sector externo. Asimismo, debe congelarse el límite de las inversiones en el exterior de las AFPs en el nivel actualmente utilizado y que no supere el 17%.

Tercero, hay que evitar un ajuste recesivo de tipo fondomonetarista porque genera desempleo y pobreza. Para ello debe aumentar, en lugar de recortarse, la inversión publica en infraestructura económica y social, así como el gasto en los programas sociales.

Cuarto, hay que evitar una crisis bancaria como la del 98, pero sin repetir el atentado contra las arcas del Estado que promovió el fujimorismo con el «rescate financiero» de los bancos Wiese, Latino, Financiero, etc. La medida que proponemos es una garantía del Estado por la deuda externa de los bancos locales y, si esta garantía se efectiviza, el Estado pasaría a ser propietario de las acciones del Banco por el monto equivalente de dicha garantía. Este es, peruanizado, el modelo inglés anunciado por el primer ministro Gordon Brown.

Por último, hay que señalar que las recientes medidas anunciadas por el titular del MEF no resuelven ninguno de los problemas mencionados anteriormente. Estas medidas son el endeudamiento contingente en moneda extranjera con instituciones multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID, CAF) y la emisión de deuda externa (bono global) en el mercado internacional hasta por 600 millones de dólares. Primero, porque el FMI y el Banco Mundial acompañarían sus préstamos con las usuales condiciones en materia de política económica que, como demostró la experiencia de la crisis asiática de 1997-98, logran que el remedio sea peor que la enfermedad. Segundo porque el costo de esta nueva emisión de deuda externa sería muy alto en el contexto actual de sequía de liquidez en los mercados internacionales.